En su obra titulada En el enjambre, el filósofo surcoreano Byung-Chul Han habla sobre los excesos de la sociedad digital. Se trata de una suma de individualidades carente de alma, cuya existencia se ha convertido en muchos casos en un universo tóxico y ruidoso. Paradójicamente, y en menos de un segundo, en el enjambre se desvanecen por completo las posibilidades de una comunicación más humana, y el respeto por el otro termina siendo reducido a unos cuantos “likes”. Como lo afirma el autor, el medio digital nos embriaga “sin que podamos valorar por completo las consecuencias de esta embriaguez. Esta ceguera y la simultánea obnubilación constituyen la crisis actual”.
Teniendo en cuenta que nuestro presente está más que nunca invadido por lo que sucede en el enjambre, no sorprende que muchas de sus virtudes se terminen diluyendo en un océano de mediocridad. En ese contexto, en lugar de promover actitudes y valores relacionados con temas como la no violencia, la empatía y la creatividad, en el enjambre no solo se reproduce todo lo contrario, sino que además nos vanagloriamos por ello. La fuerza allí existente cambia con facilidad la percepción de las cosas, y situaciones otrora cuestionables son hoy en día parte de lo que se considera normal. En nuestro contexto, hay dos ejemplos concretos que deberían incomodarnos profundamente, pero que terminamos aceptando como si no fuera nada.
El primero es el caso de miss “epa Colombia”, cuyos desmanes durante el paro fueron publicados con orgullo en las redes sociales. Estamos frente a un producto propio de lo que se vive en el enjambre: contenidos superficiales y estúpidos que no aportan nada a la construcción de una cultura de paz en un país que realmente lo necesita. Lo impresionante es que lo peor viene después: una vez ante la justicia para responder por los actos de vandalismo, el abogado de epa le propone al juez dejarla tranquila siempre y cuando ella no aparezca más en redes sociales. Y como en la clásica bufonada digna de una Banana Republic, el juez acepta sin pestañear. No solo epa no debe responder por lo que hizo, sino que además deja un precedente tan absurdo como infame: a partir de ahora solo basta con dejar de mandar un par de tuits y de aparecer en YouTube para ser absuelto de actos que irrespeten lo público. Habría sido casi más contundente meterla en la cárcel un par de días y colocarla en una celda donde no entre bien el Internet.
El segundo es el caso de la hija de Merlano y su aparición en la revista Soho el mes pasado. En el enjambre vimos una y otra vez el rocambolesco video de cómo la compradora de votos se escapa por la ventana de su odontólogo. A raíz de eso, su hija fue recluida y posteriormente liberada. Hasta ahí todo casi normal. Sin embargo, como para seguir con el tonito de lo superficial, a la revista en cuestión se le ocurrió convertirla en modelo, tomarle un par de fotos desnuda y hacerla una especie de víctima-vedette-defensora de las trampas de la mamá. ¿Qué tiene en la cabeza la persona de la revista a la que se le ocurrió semejante homenaje? ¿Le propondrán el mismo negocio a la mamá cuando aparezca? Ahora resulta que ser familiar de un prófugo corrupto y tramposo es una puerta abierta para hacerse famoso y conocido. Solo basta con googlear el nombre de esta persona para encontrarse con las más disparatadas y estúpidas noticias de dizque “entretenimiento” como la que recientemente publicó Blu Radio (no fue el único medio en hacerlo) con un titular para enmarcar: “Después de posar desnuda, Hija de Aida Merlano muestra con orgullo sus estrías”. Ya que estamos en ese plan, el título habría podido retomar una las frases de la susodicha sobre la materia y decir: “Tras hacerse conocida por desnudarse en revista, hija de prófuga “compravotos” ve en sus estrías cierto sentido poético”. Fantástico, bravo, muchas gracias por este valioso aporte a la cultura de nuestro país.
Uno de los principales problemas de lo que se vive en el enjambre en un contexto como el nuestro es que destruye la creatividad. Esa creatividad que nos debería permitir ser mejores personas, liberarnos para pensar en el bien común, orientarnos para entender que existe algo más que la basura que nos venden a diario las redes sociales. Qué bueno sería que en lugar de noticias como las anteriores, tuviéramos la oportunidad de conocer mejor el trabajo de los verdaderos artistas para inculcar el desarrollo de esa creatividad en nuestras niñas y nuestros niños. Qué bueno sería que en el enjambre se viera de manera más visible obras como las de Jaime Franco o como las de las nuevas artistas colombianas. Ojalá que se hablara más de ellos que de las tonterías que nos rodean hoy en día y no nos dejan pensar con tranquilidad.
@jfcarrillog