La pandemia tiene a Europa en jaque. Italia colapsó, España lo está haciendo, Francia y Alemania están en veremos, en Reino Unido parece ser una cuestión de tiempo. En una situación de tal magnitud, cuya intensidad supera la imaginación de cualquier buena película de ciencia ficción, hay muchas cosas en juego y muchas pruebas de fuego en el aire. Los retos para enfrentar a ese enemigo invisible llamado virus, cuya presencia en la tierra antecede la raza humana, parecen imposibles. Sin embargo, en un ejercicio de racionalidad, aún tenemos la posibilidad de recuperar algo del terreno perdido.
La primera prueba de fuego se llama solidaridad. En este contexto, la solidaridad se traduce en no darse la mano, mantener la distancia entre las personas, respetar las recomendaciones, ser más prudente de lo normal e intentar en la medida de lo posible no salir a la calle. Ese fue uno de los mensajes más contundentes de Ángela Merkel hace dos días en la televisión alemana: sin esa solidaridad y conciencia, lo único que conseguiremos es prolongar una batalla que en algunos contextos se está perdiendo.
La segunda prueba de fuego, relacionada con la anterior, es no dejar colapsar el sistema de salud. De su buen funcionamiento depende que la crisis no estalle. Esto significa mantener la calma ante cualquier sensación de malestar y esperar un tiempo prudencial antes de salir corriendo a urgencias. En este contexto es evidente que ante cualquier síntoma de coronavirus la prioridad deben tenerla los adultos mayores y las personas con alguna otra enfermedad. Debemos ser responsables y pacientes con el sistema. Confiar en los profesionales de la salud también es clave para afrontar la pandemia.
La tercera prueba de fuego es respirar profundo y pensar que como muchas cosas esto también pasará. Lo que está maquinando nuestra mente debe tener unos límites claros. Conocer esos límites en cada uno de nosotros es indispensable para no bajar el ánimo y por ende las defensas. Es entendible que ser positivo en un momento así requiere un esfuerzo especial. Para lograrlo es clave mantenerse informado, pero no ser víctima de sobreinformación. Para ello, lo ideal es ante todo saber lo que está pasando en el lugar donde uno vive y seguir las indicaciones al pie de la letra. También se trata de no mirar demasiado lo que está pasando en otros países y mucho menos de estudiar en exceso las estadísticas y mapas sobre el tema. Hoy por hoy no nos aporta mucho andar verificando cuántos puntos rojos tiene el planisferio y si esos puntos han crecido o no.
La realidad es que la pandemia existe y no podemos hacer mucho más que respetar las normas y entender lo que debemos hacer en nuestro pequeño círculo. De todos nosotros depende ir frenando algo que nosotros mismos hemos estado esparciendo en las últimas semanas.
Un último mensaje para aquellos que aún no han entendido y que por ejemplo aprovechan un simulacro de cuarentena para irse de paseo o se saltan una cuarentena para darse una vuelta: puede que su irresponsabilidad, exceso de confianza y estúpida incredulidad termine enfermando mucha gente. Es hora de pensar un poco en los demás porque si todos actuamos como ustedes la emergencia se va a prolongar en el tiempo y nadie sabe qué nos depare ese futuro incierto. Aún así no dejemos de ver la luz al final del túnel.
@jfcarrillog