Con un tono firme el Fiscal Montealegre encubre la inconsistencia de la Fiscalía
Hace poco escuché el anuncio del Fiscal General de la Nación Eduardo Montealegre de ordenar la libertad del exdiputado del Valle Sigifredo López.
Montealegre habló con la contundencia de quien ha logrado resolver un misterio o un gran rompecabezas. Pura pose. Desde hace mucho rato sabemos que Sigifredo López era inocente.
Todos sabemos que pocas semanas después de la detención del ex-diputado López una prueba técnica dio al traste con la acusación de la Fiscalía y que no mucho tiempo después la credibilidad de los testigos que lo incriminaban quedó seriamente en duda. ¿Por qué entonces la Fiscalía se empeñó en mantener una medida tan gravosa como la detención del ex-diputado López? Sobre este punto el Fiscal no dijo ni pío.
Y al daño le sumó la injuria. El Fiscal Montealegre no le pidió disculpas a Sigifredo López ni al país, ni anunció una investigación contra el fiscal que obró precipitadamente en este caso. Tampoco prometió medidas para evitar que una acusación tan infundada como esa pudiera repetirse contra cualquier ciudadano. ¿En qué país cree que está? ¿A quién cree que le habla? Desde esta esquina quiero sumar mi voz a la de todos quienes ya han expresado si indignación por la forma como se ha obrado en este caso.
Haber sembrado la duda con respecto a la posible participación del ex-diputado López en el secuestro de sus compañeros es un crimen moral, si me permiten la expresión. Durante varios días la conversación social quedó cargada con la tarea de examinar la razonabilidad de la hipótesis de la Fiscalía. ¿Qué horror! Esta institución empujó al país al tortuoso camino de la desconfianza hacia el prójimo, hacia el vecino, hacia el colega y también hacia las autoridades.
La gravedad de todo esto se puede apreciar mejor si lo ponemos en una perspectiva comparada. Colombia es un país donde la confianza interpersonal es bastante baja. Este es un hecho que se puede constatar comparando las respuestas a la Encuesta Mundial de Valores, así como las del Latinobarómetro. Es un país que ha estado en vilo por el asesinato de un joven estudiante de la Universidad de los Andes, hecho en el cual podrían estar implicados otros estudiantes como él. Y que en este contexto un fiscal se haya dado el lujo de actuar precipitadamente y de generar en la opinión un estado de grave consternación es algo absolutamente inaceptable (desde luego, lo era desde el principio al haber acusado apresuradamente a una persona inocente y al haber convertido en víctima del estado a quien ya había sido víctima de la guerrilla).
Después de haber oído al Fiscal Montealegre, ¿qué confianza merece la Fiscalía? Yo, ciudadano de a pie, le exijo que le pida disculpas al ex-diputado López y al país por la forma precipitada como obró uno de sus subalternos y por la falta de diligencia para corregir el entuerto de una detención infundada. También le demando una investigación sobre este caso y la puesta en marcha de medidas para acabar con el ominoso principio de que un auto de detención no se le niega a nadie.
Juan Gabriel Gómez