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¿Negociación para la confrontación?*

26 de febrero de 2012 - 06:00 p. m.

Sin verificación externa y sin propósito definido, un nuevo proceso de paz puede ser otra manera de engañarnos a nosotros mismos.

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Muchos estamos cansados de los artilugios mediante los cuales las Farc y el Eln han tratado de sacar provecho de los diálogos de paz e incluso de las liberaciones de personas que permanecían secuestradas en su poder. ¿Provecho para qué? Para continuar la guerra.

Por esta razón creo que ningún colombiano debe alentar diálogos con estas organizaciones guerrilleras para que luego los usen como escenario de su lucha contra el Estado. Desde ya debemos prender las alertas para frenar todo intento de que la negociación sea una continuación de la confrontación.

¿Quiere esto decir que debemos cerrar todas las puertas a cualquier intento de buscar la paz mediante una negociación con la guerrilla? De ninguna manera. Pero tampoco podemos permitir que nos vuelvan a meter los dedos en la boca como lo hicieron en el pasado.

Un problema fundamental en cualquier escenario de negociación con las organizaciones guerrilleras es que no sabemos qué es lo que realmente quieren. Leemos entre líneas, hacemos conjeturas, apelamos a nuestros miedos y también a nuestras esperanzas para descifrar cuál es su intención.

En realidad, las cosas podrían ser más simples. No tendríamos que dar tantas vueltas. Si la guerrilla hace propuestas ambiciosas e impracticables podemos estar seguros de que no tienen ninguna intención de ponerle fin a la confrontación mediante un acuerdo que incluya su desmovilización. Si, por el contrario, en el marco de un proceso concertado con el Gobierno, la guerrilla permite que actores externos independientes verifiquen el cumplimiento de los compromisos suscritos en un proceso de negociación, podríamos inferir que su intención de paz es genuina.

Para infundir confianza en una eventual negociación es, desde luego, una condición necesaria mas no suficiente. Otra concierne al propósito de la misma: ¿contempla la guerrilla la posibilidad de renunciar a la lucha armada como resultado de un proceso de paz? Si no lo hace, no hay nada más de qué hablar. Sin ese componente, diálogo nacional, búsqueda de alternativas a la guerra, superación de la exclusión social, de la desigualdad, etc., lo que sea, solamente tendrá el carácter de instrumento para capitalizar a su favor la inconformidad que muchos colombianos tienen con respecto a sus condiciones de vida.

La desconfianza que expreso aquí no proviene solamente de considerar nuestra experiencia histórica, de revisar el largo catálogo de frustraciones, de engaños y autoengaños. También surge del análisis de la política exterior soviética, así como de la estrategia de varios movimientos comunistas armados en varios procesos de negociación. Los diálogos en Caracas en 1992, en Tlaxcala en 1993 y luego en el Caguán tienen en común un elemento con la estrategia soviética en varios procesos de negociación: hacer propuestas impracticables que, sin embargo, no pueden ser ignoradas.

Por el tipo de propuestas los conoceréis podría ser pues la conclusión y quizás el fin de los esfuerzos de paz.

*Versión sin editar en: http://blogs.elespectador.com/cosmopolita/

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