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Cosas que lamentar

15 de noviembre de 2008 - 10:00 p. m.

DICE EL PRESIDENTE BUSH, EN LO que algunos periódicos han llamado “primera autocrítica”, que lamenta haber dicho algunas cosas que dijo.

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Se arrepiente de haber dicho aquello de que aplicaría a Osama bin Laden la leyenda de los carteles del Oeste: “vivo o muerto”. Se arrepiente de haber “enviado el mensaje equivocado” cuando apareció frente a la pancarta “Misión cumplida” sobre el portaaviones Lincoln. Todo eso está muy bien, claro; pero uno pensaría que otras de sus declaraciones hubieran sido más dignas de arrepentimiento. Y no me refiero a su irresistible lado cómico, como cuando dijo: “Nuestros enemigos son innovadores y recursivos, y también nosotros. Nunca dejan de pensar en nuevas maneras de herir a nuestro país y a nuestra gente, ni tampoco nosotros”. No: me refiero a las cosas que dijo en serio, en pleno uso de sus facultades (sic) mentales. “Lamento haber dicho algunas cosas que dije”, ha declarado ante la CNN. Pero es que ha dicho tantas cosas que uno no sabe por dónde empezar.

Hace unos años dijo, por ejemplo, que “no hay dudas de que el régimen posee todavía las armas más letales jamás diseñadas”. La invasión a Irak se preparaba, y el Presidente dijo, también, que “el régimen está buscando la bomba atómica y, con material fisionable, la podría conseguir en menos de un año”. En un Discurso sobre el estado de la Unión, dijo que el régimen iraquí tenía escondidos 25.000 litros de ántrax. Y dijo también, aunque no en el Discurso sobre el estado de la Unión: “Sabemos que Irak y Al Qaeda han tenido contactos a alto nivel durante una década. Sabemos que Irak ha entrenado a miembros de Al Qaeda en manufactura de bombas, venenos y gases mortíferos”. Y en otra oportunidad dijo: “No se puede distinguir entre Al Qaeda y Saddam”.

Con respecto a las armas de destrucción masiva, dijo: “Las encontraremos. Será sólo cuestión de tiempo”. “Hemos encontrado laboratorios biológicos”, dijo después. “Y encontraremos más armas a medida que avanzamos. Pero aquellos que dicen que todavía no hemos encontrado los artefactos de fabricación prohibidos, o las armas prohibidas, se equivocan: sí las hemos encontrado”. Dijo también que Irak era “un éxito catastrófico”. Dijo también: “La credibilidad de los Estados Unidos se basa en nuestro fuerte deseo de hacer del mundo un lugar más pacífico, y el mundo es ahora más pacífico”. Dijo también: “Soy un presidente de guerra”. Pero también dijo: “Quiero ser el presidente de la paz. Los próximos cuatro años serán años de paz”. Mucho antes, hablando ante un grupo de granjeros Amish, había dicho: “Dios habla a través de mí”.

Por supuesto que yo no tengo tan buena memoria como para recordar, palabra por palabra, todas las cosas que Bush ha dicho. Pero otros las han recolectado, interesados, sin duda, en que no las perdamos de vista. Uno de ellos es mi amigo Eliot Weinberger, quien el 12 de enero de 2005 publicó en Londres un artículo con el título “Cosas que oí acerca de Irak”, cuyo método he copiado en esta columna. No sé dónde esté Eliot en este momento (es un viajero impenitente), pero sí sé que habrá recordado su artículo, así como lo recuerdo yo, ahora que Bush ha dicho lo que ha dicho: que lamentaba haber dicho algunas de las cosas que había dicho.

Es de lamentar, digo yo, que no se haya lamentado de las cosas correctas.

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