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El fútbol en tiempos de crisis

10 de junio de 2010 - 11:33 p. m.

HAY QUIENES NO CUENTAN LA VIDA en años, sino en mundiales.

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Los españoles los llaman “futboleros”, lo cual es muy útil cuando decir “aficionado” es una blandura y la palabra “fanático” nos ha sido robada por los extremismos. Pues bien, es probable que para cuando usted, lector, lea esta columna, ya haya comenzado el mundial de Sudáfrica, y yo habré suspendido cualquier otra actividad para plantarme frente a un televisor y cumplir mi décimo mundial, todo eso con la esperanza de que éste sea uno de los buenos (como el del 82, como el del 86) y no uno de los malos (como el del 90 y el 94, dos mundiales deshonrosos que se ganaron con penaltis). Javier Marías dice que el fútbol es la recuperación semanal de la infancia; si uno piensa en mundiales, la infancia se recupera cada cuatro años, y la recuperación tiene por ello una intensidad multiplicada. Y eso pasará para nosotros, los futboleros, en este mes que comienza hoy.

Pero este mundial son dos mundiales, como habría dicho Cortázar si hubiera entendido lo más mínimo del tema. El primero ocurre en la cancha; el segundo, en lugares que no tienen nada que ver con ella. “El fútbol le gusta a demasiada gente para no ser aprovechado de mil formas distintas”, escribe Juan Villoro en Dios es redondo. Y en tiempos de crisis, es casi imposible que esas mil formas no sean explotadas. Todos ustedes recuerdan el mundial del 78, que Argentina ganó después de haber eliminado a Perú con un resultado que invitaba al escepticismo: necesitaba cuatro goles de diferencia para pasar, y marcó seis. Valdano recordaba que alguien del gobierno dijo: “Cuando no hay objetivos políticos, suele ganar el mejor”. Y se ha asumido siempre, aunque no haya ni una sola prueba, que la dictadura de Videla comprendió la lección que Mussolini había comprendido en 1934: un pueblo campeón es un pueblo contento, y un pueblo contento no pone problemas. Videla o sus militares metieron la mano, y así le dieron un balón de oxígeno a su régimen criminal

 Pues aquí en España, donde vivo, la opinión unánime es clarísima: el gobierno le hará tanta fuerza a la selección que puede muy bien acabar herniado. Hay que remontarse muchos años para encontrar un Ejecutivo tan desacreditado como el de Zapatero, víctima de sus propios errores de juicio, de las desastrosas siembras que hizo Aznar y de la oposición gritona, atrabiliaria, egoísta y hasta corrupta del Partido Popular. El desempleo es el peor de Europa; esta semana ha habido huelga de funcionarios y ya se empieza a oír la expresión maldita: huelga general. A la crispación que tradicionalmente utiliza el PP a cambio de las ideas, hay que sumar ahora la tensión que comienza a haber entre la gente. Ante un escenario en que se habla ya de elecciones anticipadas, lo único capaz de desactivar la bomba de tiempo que es la política española sería una victoria de la Roja en Sudáfrica.

Será por eso, pienso yo, que la gente no ha puesto el grito en el cielo cuando se ha sabido lo de la prima de campeones: 540.000 euros cobrará cada jugador si España gana el mundial. En tiempos de crisis, cuando a todos los españoles se les muestra un cinturón y se les enseña cómo apretárselo, semejante cantidad podría haber causado un escándalo general. Y no: la cosa ha pasado sin más. A falta de pan, bueno es el circo.

 

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