Ya no recuerdi dónde vi la foto, pero sí que la vi en internet.
Durante las revueltas brasileñas de estos últimos días, un manifestante se levanta entre los demás agitando una bandera (o tal vez una camiseta, pues el manifestante se la había quitado y protestaba a pecho descubierto), y su gesto está coordinado perfectamente con el gesto general de la multitud: una compleja coreografía de la protesta. El manifestante aparece visto de espaldas; lleva una máscara puesta al revés, de manera que los que tiene de frente pueden verle la cara sin problemas, mientras la máscara mira a los que están detrás. No es cualquier máscara, sino la cara blanca del revolucionario anarquista V. Ustedes lo recuerdan acaso: es el personaje del célebre cómic de Alan Moore y, sobre todo, de la adaptación que hizo Hollywood (con Natalie Portman y Hugo Weaving). Ustedes recordarán también que el revolucionario V, en el mundo distópico de la historia, se enfrenta al régimen fascista y totalitario escondido tras una cara blanca de sonrisa sardónica que recuerda las facciones de Guy Fawkes.
Guy Fawkes, sí: aquel conspirador católico que en 1605 quiso volar el Parlamento inglés y asesinar al rey Jacobo I, a todos los lores y a sus familias. Tenía 35 años, había peleado del lado de la España católica en la Guerra de los Ochenta Años y conspiraba con Robert Catesby, líder de los católicos ingleses, para restaurar una monarquía católica en Inglaterra. La idea del atentado fue de Catesby, pero Fawkes estaba a cargo de la pólvora; a él, no a Catesby, lo descubrieron las autoridades; él, no Catesby, acabó en el cadalso. Autor frustrado de uno de los primeros actos de terrorismo con explosivos (precursor, por lo tanto, de las imágenes más molestas que cargamos nosotros, los habitantes del siglo XXI), Fawkes se había visto liberado con el tiempo de sus connotaciones más incómodas, hasta llegar a ser parte del folclor inglés: todos los años, en la Noche de las Hogueras, los ingleses queman su efigie y lanzan fuegos artificiales, y unos pocos, quizás, recuerdan a los que no murieron quemados. Como sea, el personaje de Guy Fawkes se había transformado en algo inofensivo, una excusa para iluminar el cielo y beber con los amigos. Pero en la última década, algo curioso ha pasado.
La máscara del personaje de Alan Moore —y sobre todo, insisto, de la adaptación cinematográfica— fue adoptada originalmente por el colectivo Anonymous, pero después de eso se ha convertido en un ítem de primera necesidad en protestas sociales. Ya no son sólo los Anonymous los que la usan: esa máscara, marca registrada de la industria del entretenimiento y de una película de Hollywood, ahora va por medio mundo protestando contra el capitalismo. En Amazon.com se puede comprar por US$2,98; la bandera de protesta de Anonymous (15 por 12 pulgadas) cuesta apenas US$6,99. Amazon.com recomienda comprarlas juntas, y muchos deben de seguir la recomendación, pues la máscara ocupaba, cuando yo visité la página web, el segundo lugar en ventas. La imagen de la máscara también se vende en un paquete de 10 calcomanías con la leyenda Disobey, “Desobedezca”. Amazon recomienda comprarla junto a otra calcomanía que dice “Viene la revolución”.
Por lo que se ve, los compradores obedecen.