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Fútbol Vs. Paro

05 de septiembre de 2013 - 05:00 p. m.

Para fortuna de muchos, sobre todo los del 72 por ciento de desfavorabilidad, ha llegado la anestesia nacional: el fútbol.

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Bastó apenas una semana para que las manifestaciones campesinas que aún retumban en algunas zonas del país, como Huila, Antioquia o Cauca, pasaran a segundo plano y se iniciara el proceso de histeria colectiva que generalmente acompaña a los partidos de la Selección Colombia. 

Vuelven los recuerdos añejos del 5-0, vuelven las historias del personaje aquel que se cuelga de las barandas de los estadios simulando algún ave enferma de fútbol, reaparece el Pibe Valderrama tiñéndose el pelo de rosado y hablando del futuro de la selección. En resumidas cuentas, si hay algo más poderoso que las arengas de los campesinos son los gritos de los hinchas del fútbol.

Hoy puede que la Selección clasifique al mundial así que los muertos y los heridos ya no correrán por cuenta de los manifestantes desadaptados adoradores de las papas bomba, sino de los hinchas furibundos llevados al paroxismo por una pasión inexplicable. Será otra muestra de nuestra corta memoria y de la capacidad de dejarnos hipnotizar por las cosas más triviales.

Si clasificamos, y ojalá así sea, espero que no se olvide al campesino. Ojalá que no se vuelva a dar la espalda a aquellos que aún permanecen en las carreteras pidiendo mayor atención por parte del Estado hacia uno de los sectores más olvidados del país. No fue cuestión sino de ver y leer noticias ayer para reparar en la manera como poco a poco va desapareciendo el clamor campesino entre un gigantesco alud futbolero. Mire a su alrededor: hoy no hay ruanas, sino camisetas amarillas.

Pueda ser que después de un buen partido de la Selección Colombia no se eche al baúl de los recuerdos a los otros paros que afectan a diversos sectores del país y que, de una u otra manera, no son más que reivindicaciones de parte de ciertos grupos sociales. Los trabajadores de la Drummond siguen en cese de actividades. La Universidad Nacional sigue cerrada. En Nariño se acaban el gas y la gasolina por los bloqueos viales.

No es porque ya no hay campesinos cercando a Bogotá ni asonadas en el centro de Tunja, que el paro se acabó. La periferia también es Colombia y una parálisis en Nariño, Huila o Cauca debería importarnos tanto como si le atravesaran un camión a la autopista norte.

#PreguntaSuelta: ¿Cuánto tiempo se demorarán en implementar los taxis eléctricos que vienen a probar en Bogotá?

@colombiascopio

 

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