Hasta hace poco, según la legislación colombiana, el bosque natural era una forma improductiva de uso del territorio. Incluso, se negaba la titulación en los llamados terrenos baldíos, si el colono no había deforestado o se podía expropiar a quien dejara su tierra en bosque natural.
El Gobierno invertía en la deforestación e incluso hubo créditos internacionales para ocupar la Amazonia, abrir carreteras y tumbar selva para hacer ganadería.
En los últimos años, los conceptos han cambiado, tanto a nivel nacional como internacional. Día por día, se reconoce un mayor valor al bosque natural, no sólo por las actividades ecoturísticas, cuya demanda crece en todo el mundo, sino también por su aporte en términos de clima. En el contexto nacional, la Ley 99 de 1993 reconoció la posibilidad de conservar en terrenos privados, dando así, un gran apoyo al desarrollo de la Red de Reservas Naturales Privadas, Resnatur. Los concejos municipales pueden eximir de Impuesto Predial a quienes conservan áreas consideradas clave para la protección de las cuencas. Adicionalmente, se está definiendo una estrategia nacional de pago por servicios ambientales para apoyar a quienes con un adecuado programa de conservación generan beneficios a terceros, por conservación de fuentes de agua o biodiversidad.
A nivel internacional, el Acuerdo de Kioto sobre cambio climático, no reconoció el aporte de los bosques naturales al clima global. Ahora, la realidad ha obligado a revisar este criterio y se espera que después de 2012 se reconozca y compense a los países que conserven bosques naturales. No sólo porque al no quemarlos se evita el 20% de las emisiones de gases efecto invernadero, sino porque su existencia tiene probados efectos positivos sobre la regulación del clima.
El Fondo de Bosques y Carbón presentado en Bali, transferirá a manera de ejercicio piloto, recursos internacionales para compensar algunos países por la llamada deforestación evitada. Se realizarán mediciones anuales y de acuerdo con los resultados que evidencien que se ha evitado la deforestación, se realizarán las compensaciones. El mecanismo está aún en proceso de ajuste y para un país como Colombia tiene un gran potencial. Entre los temas que hay que discutir, está el que la compensación se defina por los servicios ambientales de la totalidad del bosque natural que conserva cada país y no sólo por la deforestación evitada. Sería errático que un país como Colombia, que tiene el 49% de su superficie en bosque, obtenga una compensación inferior a otros países con bosques de menor extensión. Es necesario compensar por la disminución en la tasa de deforestación y por el servicio ambiental generado por la masa total de bosques naturales existentes en cada país, quizá con montos diversos, pero reconociendo los dos aspectos.
En las dos ultimas décadas, en Colombia se ha disminuido la deforestación de más 500.000 has año a menos de 100.000 por año, pero ahora la amenaza de volver a deforestar es grande. De una parte, los agrocombustibles y el incremento en los precios de los productos agropecuarios, está aumentando la presión sobre el bosque natural, pues hace más rentable talar bosque y ampliar la frontera agropecuaria. En términos económicos, ha aumentado el costo de oportunidad por la conservación de los ecosistemas naturales. Además, la intensidad de la guerra entre grupos armados por el dominio del territorio fue un incentivo negativo para la expansión de la frontera agrícola. Si se consolida el dominio de las fuerzas militares a las zonas de frontera agrícola, se puede dinamizar la colonización. Es necesaria una efectiva presencia del Estado, para que la paz no signifique mayor actividad deforestadora.
Si Colombia quiere aprovechar a fondo las ventajas comparativas que le significan ser un país tropical con cerca del 50% de su territorio en Bosque Natural y con la mayor densidad de biodiversidad por unidad de superficie en el mundo, debe conservar sus ecosistemas naturales y realizar importantes inversiones para desarrollar el conocimiento que permita su aprovechamiento sostenible. La tarea no es sencilla, pero es una gran oportunidad.
*El autor es economista con especialidad en manejo de recursos naturales en el Banco Mundial. Los puntos de vista aquí expresados son del autor, no representan ni pueden atribuirse a la entidad para la cual trabaja.