La actual crisis cafetera no sólo se explica por los costos de producción y la revaluación del peso colombiano.
Hay factores derivados de acciones del gremio que explican nuestra pérdida de competitividad. Me refiero al cambio de técnicas de cultivo inducidas por las directivas de la Federación Nacional de Cafeteros (FNC) hace años, que aún hoy dominan el paisaje cafetero. Dicho cambio llevó a arrasar los cultivos diversificados al exigir tumbar los árboles que le daban sombra al café. Tales prácticas trajeron consigo el aumento de las plagas y el uso creciente de agroquímicos. Adicionalmente, generaron mayor pérdida de suelo en cultivos ubicados en pendientes.
La serie EcoAgriculture Partners, Paisajes para la gente, la comida y la naturaleza. Una iniciativa internacional para el diálogo, el aprendizaje y la acción, en su reciente número, Reducir riesgos: enfoque del paisaje para el abastecimiento sostenible, realiza un análisis del manejo de los recursos naturales renovables y presenta algunos ejemplos de cómo disminuir el riesgo empresarial mediante el manejo del paisaje para hacer sostenibles los negocios desde el punto de vista económico, social y ambiental.
En dicho estudio, se revisa el caso Starbucks y cómo dicha empresa está trabajando con los productores —especialmente en México e Indonesia— para desarrollar prácticas sostenibles para cultivos sostenibles, lo que incluye estrategias de conservación de la base de recursos naturales y adaptación al cambio climático que generan mayor rentabilidad.
Starbucks se preocupó por la sostenibilidad dada la inestabilidad que el cambio climático estaba generando. Los productores campesinos se estaban empobreciendo y la calidad del café disminuyendo. En 1998, la empresa se asoció con Conservation International —ONG ambiental— y creó un programa para dar mayor sostenibilidad económica al productor, y ambiental al sistema productivo. Impulsaron el pago por servicios ambientales asociados a la fijación de carbono, lo que llevó a la siembra de árboles para recuperar el sombrío y promover la conservación y el manejo de reductos de bosque en las fincas cafeteras. El programa ha servido para ganar mercado y mejorar el precio de compra al productor.
Es tiempo de que la FNC y Juan Valdez aprovechen el hecho de que Colombia es el país con mayor biodiversidad por unidad de superficie en el mundo para que lancen una propuesta empresarial para la reconversión del monocultivo a plena exposición, de manera que volvamos al cultivo con sombrío que protege los suelos, recupera la biodiversidad, fija carbono y devuelva al café colombiano el sabor que lo hizo acreditar su fama mundial, hoy perdida.
Las zonas marginales cafeteras que no sufrieron el impacto negativo de la propuesta tecnológica de la FNC son las regiones mejor dotadas para iniciar un programa similar. Hoy, además de la calidad del café, la fijación del carbono y la recuperación de la biodiversidad son argumentos de mercado y de sostenibilidad empresarial.