Cali está a tiempo de preguntarse cómo y cuánto crecer.
Una ciudad armónica y sostenible es posible cuando su crecimiento se planifica y limita. Las lecciones de Bogotá deben ayudar para evitar reproducir los horrores de congestión y baja movilidad, la contaminación y falta de espacios verdes, el microtráfico, las pandillas y la extensión del crimen organizado. El germen de todos estos problemas está presente en Cali y el flujo migratorio de los desplazados del Andén Pacífico aumenta los riesgos. Si no se toman medidas, su colapso puede ser prematuro; si se hace una buena planificación, la ciudad puede florecer. Hoy, está en el filo de la navaja.
Si la ciudad pretende expandir la infraestructura urbana y poblacional, ofreciendo un crecimiento sostenible, hay que asegurar espacio verde público y evitar que la infraestructura urbana se construya sobre los mejores suelos del país. Sería una pena que el Valle del Cauca fuera urbanizado, como hoy lo está siendo la Sabana de Bogotá. Un proyecto que apunta a la sostenibilidad es el anunciado Corredor Verde de Cali, que tendrá 22 kilómetros de parque de uso público con lugares para el encuentro, la cultura y el deporte. Allí, se recuperará la vegetación y se construirá una ciclorruta, se reconstruirá la vía férrea y se pondrá en operación un tranvía para mejorar la movilidad.
En términos de calidad del aire, los indicadores de Cali son mucho mejores que los de Bogotá y Medellín. Para evitar que se deterioren, es necesario incentivar medios de baja contaminación y desarrollar el transporte masivo. El Mío, aun cuando ha tenido muchos problemas, es un buen inicio. La ciudad debe desarrollar infraestructura y cultura en torno a la bicicleta, pues su topografía ayuda, y debe construir una red de ciclorrutas con parqueaderos y duchas. El ferrocarril y los motores movidos con electricidad deben tomar fuerza. Si todo lo anterior se desarrolla, se mejorará la calidad de vida y se valorizará la ciudad.
El pésimo abastecimiento de agua para consumo humano está erosionando la calidad de vida urbana. Empobrecimiento asociado al mal manejo de las cuencas aportantes, lo que hace que el 70% del agua deba tomarse del alterado río Cauca. Simultáneamente, la ciudad está generando un pasivo ambiental regional con la contaminación de sus aguas servidas, que convierten el río Cauca en una cloaca aguas debajo de la ciudad. Hay que aumentar el impuesto al que contamina e invertir más en el tratamiento de las aguas servidas. Simultáneamente, la ciudad debe definir una política de manejo de basuras, con incentivos económicos para la menor producción de desechos, la separación en la fuente y el reciclaje, y privilegiar tanto en el sector privado como en el público la compra de productos que generen menos desechos y contaminación.
En este período de globalización, Cali, ubicada en un paraíso con abundantes recursos naturales y como puerta al Pacífico, es tierra de oportunidades y riesgos. De la ciudadanía depende la elección de los próximos dirigentes. Dichos dirigentes son quienes liderarán la prosperidad o gestarán el caos.