Las ciudades y municipios debaten en este momento su Plan de Desarrollo.
Esta herramienta, que antes era tema exclusivo de alcaldes y concejos, cada día se hace más participativa. Como ciudadanos vamos tomando conciencia de la importancia que esto tiene en nuestra calidad de vida. En el Concejo de Bogotá los debates han sido bastante intensos. Las razones no son tan políticas como parecen, sino más bien económicas, pues son muchos los intereses —no todos públicos— que están en juego.
El caso de Bogotá ha sido muy publicitado, pero los debates se están dando en todos los municipios del país. En los pequeños municipios las confrontaciones tienden a ser más sencillas y las determinaciones menos complejas, pero igual son determinantes. A diferencia de las grandes ciudades, donde algunos temas parecen salirse de las manos de autoridades y ciudadanos, en los municipios todo es mucho más concreto, y por ello las discusiones y los acuerdos a los que se llegue pueden tener mayor certeza e influencia en el devenir de lo local.
En varios municipios se debate entre opciones casi opuestas de desarrollo: ¿se debe crecer de manera acelerada y atraer gente e industria de otras regiones del país, o crecer pensando más en los pobladores locales? ¿Se debe aumentar la capacidad de gestión pública incrementando el recaudo a través de zonas industriales o crecer más lentamente, sin atraer tanta gente de afuera y manteniendo las estructuras productivas locales? Las industrias no se movilizan solas, siempre atraen la llegada de gente de otras regiones que viene a ocupar los mejores puestos de trabajo. Todo tiene implicaciones positivas y negativas.
Suesca (Cundinamarca) es una referencia notable, pues es un municipio donde casi todo está por definirse y hacerse. Al igual que en todas partes, en Suesca se viven las consecuencias de las anteriores administraciones. Hace unos años en el municipio de Suesca la empresa Cementos Tequendama construyó una fábrica. No sabemos quién fue más incompetente: si la administración que toleró el levantamiento de una mole de concreto generadora de contaminación atmosférica, sonora y visual, a apenas cien metros del pueblo, o los dueños de la cementera, que decidieron ubicarla en un lugar donde generaban — tenían que saberlo— problemas para la población.
El funcionamiento de esta fábrica es motivo de escrutinio público permanente por razones de salud, calidad de vida y pérdida de valor de los inmuebles. El caso es crítico, pues las rocas de Suesca son un atractivo turístico nacional e internacional que se ve afectado por la degradación ambiental que genera un modelo industrial irresponsable. La empresa de cementos dice que la CAR los tiene avalados, pero nosotros estamos registrando fotográficamente una nube de contaminación cuando la fábrica está en pleno funcionamiento. El debate apenas comienza y sus resultados dependen de las autoridades, los empresarios y los ciudadanos: ¡o nos vamos por la chimenea de Cementos Tequendama, o por la industria sin chimeneas y el desarrollo sostenible con el turismo de naturaleza! Por el momento, por la forma como está funcionando la fábrica, turismo e industria son inconciliables.