En el marco de la conferencia de cambio climático en Lima, la compensación económica ofrecida a Colombia por Noruega y Alemania por conservar el bosque amazónico es expresión de un mundo que está cambiando.
Los ambientalistas que el columnista Bejarano se dedica a atacar hemos afirmado desde años atrás que la gestión ambiental y la sostenibilidad deben ser pilares del desarrollo. De forma reiterativa el llamado ambientalismo radical ha dicho que no hay desarrollo sin conservación y que crecimiento con destrucción es un espejismo que sólo genera engañosos indicadores de corto plazo.
En el mundo contemporáneo, la conservación de los recursos naturales y la gestión sostenible en todos los sectores productivos deben ser el eje del desarrollo. Ahora, Colombia tiene como meta disminuir a cero la tasa de deforestación en la Amazonía para el 2020, y si se avanza en ese propósito, se recibirá en compensación US $65 millones en los próximos cuatro años.
Antes, talar el bosque para establecer ganadería era un propósito nacional y aspecto integral de los planes de desarrollo. Incluso se obtuvieron créditos de la banca multilateral para deforestar. Hoy, esa misma banca financia la conservación y la producción sostenible, pues conservar el bosque es una acción que disminuye o mitiga el cambio climático. Hoy, ya es realidad que si evitamos la transformación del bosque natural en zonas de expansión agropecuaria hay una compensación internacional por ello y en algunos lugares el uso del espacio que genera la mayor rentabilidad económica es la conservación.
La otra cara de la realidad es que en los países tropicales las poblaciones más pobres, con los peores indicadores económicos, son las que hoy habitan áreas boscosas. Lo acordado en Perú es un paso para hacer transferencia de los países ricos, principales responsables del calentamiento global, a los habitantes de los bosques para que mejoren su calidad de vida, sin destruir el bosque. Es una compensación económica por un servicio ambiental; no es una donación. Estos recursos, que son lo que llamamos pagos por servicios ambientales, deben ser invertidos en educación, salud, mejor nutrición, sistemas productivos sostenibles y organización para el manejo local del territorio.
Conservar y recuperar la cobertura boscosa en la Amazonía requiere mayores recursos que lo acordado como transferencia con Noruega y Alemania, pero este acuerdo es un primer indicador de que las cosas empiezan a cambiar. Debemos prepararnos para negociar como país las mejores compensaciones posibles y entender que sólo habrá transferencias si hay resultados, es decir, si frenamos la deforestación y recuperamos tierras y paisajes degradados. Nuestro potencial para negociar se soporta sobre el hecho de que el 51% de nuestro territorio está cubierto por bosque.
Conservar y manejar nuestros bosques exige capacidad y determinación no sólo del Ministerio del Medio Ambiente sino también del gobierno nacional y de la sociedad civil. Ya hay alternativas de recuperación y conservación de bosque con sistemas ganaderos silvo-pastoriles, cacao y café asociados a la biodiversidad y ecoturismo. Debemos seguir investigando y desarrollando nuevas opciones. Nuestro futuro está ligado al crecimiento verde.