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Del fútbol a la paz: diferencias y aprendizajes

15 de julio de 2014 - 11:42 p. m.

Las lecciones y aprendizajes que nos deja lo ocurrido con la selección Colombia para llegar a Brasil, y en Brasil, tienen aplicaciones en muy diversos campos de la vida nacional.

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El cambio en los resultados de la selección, debido a la salida del grupo técnico liderado por Gómez y la entrada de Pékerman, nos genera un gran interrogante: ¿Qué pasó para que con el mismo grupo de jugadores se obtuviese en el cortísimo plazo un resultado completamente distinto? No es el cambio de técnico y de táctica el único factor. El grupo de seleccionados, que en lo básico se mantuvo igual, de un mes para otro pasó a tener resultados diametralmente opuestos.

Un cambio radical de actitud en todos los miembros de la selección permitió que en pocos días se convirtiera en un equipo de alto rendimiento. Ese cambio no se puede explicar en su totalidad por el nuevo discurso del grupo técnico. ¿Qué más hubo allí?

Se gestionó un cambio estructural que esperamos permanezca y se profundice. Este cambio lo tenemos que apoyar y seguirlo en su ejemplo en diversos campos de acción de la vida nacional. Para generar el cambio, fue necesario que hasta el presidente de la República interviniera, exigiendo a las directivas del fútbol que el cambio del equipo técnico no fuera del entrenador titular (Gómez) a su subalterno (Álvarez), como fue inicialmente propuesto. El presidente solicitó y quizá impuso que el cambio fuese radical, que el nuevo director técnico fuese tan distinto del anterior que incluso pidió que fuese extranjero. Esta era una condición para generar cambios estructurales que esperamos sigan para que los miles de jóvenes que hoy se dedican con pasión al fútbol tengan oportunidades en un medio que tiene que pasar la página y dejar en el pasado la mafia y los malos hábitos. Quienes no aceptaban las reglas que imponía la rosca, no tenían oportunidades.

Grosso modo, lo que estamos viviendo es algo similar a la evolución en las directivas del fútbol italiano (mafia y favoritismos) al del alemán (escuela y honestidad). Y miren los resultados.

Desde afuera y basados en lo observado, podemos resaltar que en todos los miembros de la selección había honestidad, compromiso, confianza, dedicación y principalmente un profundo sentido de equipo. Lo vivido para llegar a Brasil, y los resultados en Brasil, no son cuestión de buen ánimo y buena suerte. Hay muchas cosas de fondo. El ejemplo de esta gran selección liderada por Falcao y James nos demuestra que los colombianos podemos cambiar y llegar a ser una país de referencia en América y el mundo.

El próximo paso es la construcción de un país donde la paz estable y duradera sea posible. Esto requiere en muchos colombianos un cambio de actitud y cambios estructurales, tanto en la sociedad civil como en el Gobierno Nacional, el regional y el local. El reto es grande, pero la meta no es inalcanzable. El límite lo ponemos nosotros. Aprendamos de nuestro equipo de fútbol. Nada es gratis. La paz requiere compromiso, esfuerzo, honestidad, perseverancia y desde luego oportunidad y buen gobierno.

 

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