EN DÍAS RECIENTES, EL BANCO mundial publicó el informe 2008 sobre América Latina “Desarrollo con menos carbono: respuestas latinoamericanas al desafío del cambio climático”.
En él se analizan las repercusiones del cambio climático (CC) y lo que puede hacer la región para prevenir sus efectos, tanto unilateralmente como a partir de los incentivos que deben concretarse en un acuerdo mundial sobre cambio climático que se realizará el próximo año en Dinamarca.
La situación es crítica y el documento señala los principales efectos del CC para la región: en 2100, la productividad agrícola podría caer entre 12 y 50%. En México, entre 30 y 85% de las granjas podría enfrentar la pérdida total de su viabilidad económica en 2100. Los daños causados por huracanes se elevarán entre 10 y 26% por cada 1ºF que aumente la temperatura del mar. Los corales del Caribe se blanquearán y muchos morirán. Un 30% de los bancos de corales ya ha muerto y todos podrían desaparecer en el año 2060. Además, varios glaciares andinos desaparecerán dentro de los próximos 20 años afectando el suministro de agua de 77 millones de personas en el año 2020. Otro efecto desastroso es que el bosque pluvial del Amazonas podría disminuir entre 20 y 80% si las temperaturas aumentan entre 2 y 3ºC con grandes pérdidas de biodiversidad.
Los desastres naturales resultantes de fenómenos climáticos (tormentas, sequías e inundaciones) tienen un costo promedio de 0,6% del PIB y para Colombia este porcentaje puede ser mayor, si el comportamiento del clima sigue parámetros como los de este año y el cambio en el régimen de lluvias está afectando la producción agropecuaria; la contracción de los glaciares es evidente en Colombia y varios desaparecerán en los próximos 10 años. Para nosotros, el papel regulador de la vegetación nativa en el páramo es quizá más importante y debemos aumentar la efectividad de las medidas de protección, pues aún seguimos destruyendo nuestros páramos a cambio de algunas papas y ganado. El daño en los corales ya se está viendo en San Andrés y Providencia, que es la segunda agrupación coralina más extensa del Caribe y quizá la de mayor biodiversidad. El riesgo de dengue, paludismo y otras enfermedades infecciosas aumentará en algunas zonas, especialmente en Colombia.
No podemos achacarle al CC todos nuestros males, pero este tema sí tiene que ser central para la política pública y no sólo para el Sistema Nacional Ambiental. En el Banco Mundial es la primera vez que la oficina del economista jefe para América Latina selecciona el CC como el tema de investigación para su publicación anual. Sin duda el desarrollo económico y la dinámica ambiental tienen una estrecha relación que se hace más evidente con el CC. El reto ahora es mayor, pues debemos buscar el crecimiento económico en medio de efectos climáticos negativos y, a la vez, usar menos carburantes si no queremos agravar la situación.
La región produce el 12% del total de los gases efecto invernadero (GEI) y la mitad de las emisiones están asociadas con la deforestación y con la agricultura. En términos generales, el estudio reconoce que la tendencia actual en la región es que las emisiones per cépita de GEI se incrementen en un 33% entre 2005 y 2030, mientras en el mismo período se estima un incremento del 24% en el orden mundial. Nos queda mucho por hacer en términos de adopción de medidas de mitigación, que disminuyen las emisiones de GEI, y más aún de medidas de adaptación, es decir, aquellas que permiten una adaptación al CC a menor costo.
Sin embargo, no todo es negativo y el documento señala que América Latina puede liderar acciones en la solución global para el CC si se definen adecuadas políticas nacionales. Varias de las acciones necesarias para la mitigación son también buenas políticas de desarrollo. Por ejemplo, una mayor eficacia energética a menudo ahorra dinero; una menor deforestación tiene beneficios sociales y ambientales; un mejor transporte público reduce la congestión y la contaminación local, con efectos positivos para la salud, la productividad y la calidad de vida y fuentes de la energía renovable pueden beneficiar a parte de la población rural que no tiene acceso a la electricidad. Brasil y México han identificado acciones que podrían disminuir las emisiones 21% en los próximos cinco años a un costo muy razonable. El caso del Transmilenio en Bogotá se toma como un referente para la región y el pago por servicios ambientales en Costa Rica anima en Colombia la puesta en marcha de una Estrategia Nacional de Pago por Servicios Ambientales que lidera el Ministerio del Medio Ambiente. En conclusión, América Latina puede tomar el liderazgo mundial en la transferencia de recursos de los fondos ambientales globales. Todo depende de la adopción de políticas públicas coherentes frente al CC y del uso eficaz que hagamos de los recursos.
*El autor es economista con especialidad en manejo de recursos naturales en el Banco Mundial. Los puntos de vista aquí expresados son del autor, no representan ni pueden atribuirse a la entidad para la cual trabaja.