Las consecuencias de las olas invernales de los últimos años obligaron a modificar el Plan Nacional de Desarrollo.
En dicha modificación se incluyó un capítulo especial y se aprobaron importantes recursos financieros para atender las emergencias generadas por el clima extremo, asociado al calentamiento global. La Universidad de la Sabana —que invadió la ronda inundable del río sin ningún criterio ambiental— después de múltiples plegarias, contrató a una firma holandesa para construir jarillones, presionando la desviación del agua hacia otros predios. Como dicen diversos estudios sobre cambio climático, los no organizados y los pobres siempre son más vulnerables: la Universidad de la Sabana no se inundará, pero otros predios que no tengan la capacidad económica y organizativa para contratar holandeses sufrirán las peores consecuencias cuando vuelva la creciente.
Recientemente comenzó una nueva ola invernal y ya están bloqueadas muchas carreteras. El Ministro de Transporte, un tipo tan trabajador y acucioso como el doctor Cardona, ¿por qué no ha gestionado una ley de emergencia que trascienda su mandato, y obligue a crear a lo largo de toda la infraestructura de montaña, franjas de protección con vegetación nativa para disminuir la inestabilidad de los taludes? Es triste ver cómo un par de aguaceros consiguen destruir nuestras carreteras principales por no haber una cobertura boscosa que contenga los deslizamientos de tierra y mitigue la erosión. Lo que tanto nos ha costado construir se derrumba sin encontrar resistencia. Nuestras carreteras son costosas, no sólo porque atraviesan zonas montañosas, sino porque además se roban el presupuesto designado y no las construyen con las especificaciones debidas. Ante los fenómenos naturales el ministro de Transporte no tiene mucho que hacer. Además, mientras no se dé un proceso serio de intervención para el poblamiento y el ordenamiento de la producción y el territorio, la mayor parte de nuestra infraestructura estará en zonas montañosas y de alto riesgo geológico. Esto se evidencia con el crecimiento y concentración de la producción y la población en Bogotá, situada ‘2.600 metros más cerca de las estrellas’ y lejos de las costas…
¿Por qué no dirigimos los incentivos y la inversión pública al crecimiento de Cali o Barranquilla? La planeación y el poblamiento nacional se salen de las manos de Cardona. Respecto al segundo factor, el de la corrupción en las obras públicas, el ministro ha hecho sus mejores esfuerzos.
Volviendo al tema del invierno, es urgente una ley para crear franjas de protección con vegetación boscosa a lado y lado de las carreteras principales, caminos veredales, poliductos, asentamientos y demás infraestructuras de montaña. Esta gestión no generará impactos evidentes en el corto plazo, pero sí le daría sentido histórico a la gestión del actual Gobierno al demostrar que se tomaron acciones de adaptación concretas ante el cambio climático. Por ahora, las acciones se están focalizando en reconstruir de afán la infraestructura en medio de las mismas condiciones de inestabilidad del entorno natural que volverá a destruirlas.
Doctor Cardona: que el nuevo invierno, cuyas imágenes en los noticieros ya no sabemos si son nuevas o de años anteriores, le ayuden a gestionar una ley de reordenamiento territorial para la adaptación al cambio climático. Una intervención en este sentido, que incluya criterios de largo plazo, nos ayudará a conservar nuestra infraestructura.