En el sistema de Parques Nacionales Naturales hay gran debate porque los visitantes han aumentado en más de 300% en los últimos diez años.
En el Parque Nacional Natural (PNN) del Cocuy hemos pasado de 3.000 visitantes en el año 2003, a más de 10.000 en 2012 y algo similar ocurre en Chingaza, Nevados y Tayrona, entre otros. Con pros y contras, el número de colombianos y extranjeros que quieren visitar nuestros PNN seguirá aumentando.
Después de participar activamente en el debate sobre el manejo del PNN del Cocuy, su capacidad de carga y el uso o no de caballos por parte de sus visitantes, estoy recorriendo —en paseo familiar— algunos PNN en los Estados Unidos y encuentro algunas diferencias que quisiera compartir para alimentar el debate en nuestro país. Al PNN Grand Teton, que contiene un maravilloso paisaje de montaña y una extensión similar al PNN del Cocuy, entraron el año pasado cuatro millones de visitantes y en época de alta temporada hay 44 guardabosques en el área. Al Grand Canyon, que es un PNN cuya atracción es el cañón del río Colorado en medio de un paisaje semiárido, entraron más de cinco millones de personas en 2012. La cultura norteamericana, que se caracterizó por arrasar con todo lo autóctono y lo natural, ha dado un importante giro, así que ahora lo tradicional y lo natural cobra especial valor. Sus PNN son espacios de conservación y recuperación de paisajes naturales, valores culturales y sociales antes destruidos o seriamente amenazados. La política gubernamental impulsa a los ciudadanos a visitar, proteger y disfrutar los PNN.
Que se manejen tantos visitantes con tan pocas personas lo explica el excelente comportamiento de los visitantes, cuya prioridad es conocer el lugar y contribuir a la conservación del paisaje natural. Cada visitante siente el PNN como algo propio. En áreas donde está restringido el tránsito por ciertos senderos, la gente no se sale de los lugares autorizados, recoge y saca la basura del PNN y no deja alimento a los animales silvestres. Son paisajes inmensos, relativamente homogéneos, de menor biodiversidad que los nuestros, pero también de gran fragilidad, que requieren mucho cuidado para su conservación.
Si bien en sus inicios se hicieron concesiones a privados para establecer hoteles en los PNN y se crearon áreas de camping que aun funcionan, hoy los nuevos hoteles y zonas de camping se crean y desarrollan en las áreas cercanas al PNN pero no en su interior. Una lección aprendida es que no debemos hacer concesiones hoteleras dentro de nuestros PNN y que es necesario fortalecer la relación de interdependencia entre el PNN y las zonas cercanas, que como áreas de amortiguación son las apropiadas para el desarrollo de la actividades de alojamiento, cabalgatas y uso de cuatrimotos, siempre por fuera del PNN.
Como colombianos, debemos visitar y disfrutar nuestros PNN y contribuir a su conservación como parte del patrimonio común que todos con orgullo debemos defender.