LA CONCENTRACIÓN DE LA ACTIVIdad económica en las ciudades y la pérdida progresiva de la participación de la producción agropecuaria en el producto nacional son una característica del desarrollo económico contemporáneo.
En Europa y Estados Unidos este sector representa menos del 3% del producto nacional, mientras en países de desarrollo medio, como Colombia, corresponde a entre el 10 y 15%. Esto no significa que la ruralidad pierda importancia, se abren nuevas oportunidades y retos en la relación entre la ciudad y el campo.
Uno de ellos está asociado con el turismo, que incluye hospedaje, alimentación, intercambio cultural y diálogo de saberes, entre otras actividades. En Colombia el potencial es enorme y ya existen algunos avances en ese sentido. Uno de ellos es resultado del trabajo de la Asociación para el Desarrollo Campesino (ADC), que impulsó la Red de Reservas Naturales de la Cocha como parte de su iniciativa de apoyar el buen vivir de los grupos campesinos de Nariño. Allí, las familias campesinas están buscando sistemas productivos sostenibles y sanos para su producción agrícola y el manejo de sus animales domésticos. Además, están conservando por iniciativa propia fragmentos de bosque natural, recuperando la fauna y flora nativas, la laguna de la Cocha y sus alrededores, así como los páramos.
Hoy la Red de Reservas Naturales de la Cocha está compuesta por 51 predios de familias campesinas. De ellas, 15 ya ofrecen posibilidades de alojamiento para visitantes y en cinco de estas los ingresos asociados con el eco y agroturismo son superiores a los ingresos relacionados con la producción agropecuaria. Otra experiencia interesante es la de Agroecotur, que trabaja con la Red Nacional de Reservas Naturales de la Sociedad Civil que ha desarrollado un esquema teórico y práctico para el agro y el ecoturismo. En esta, los alojamientos no son de cinco estrellas, sino de cinco espigas, donde la conservación de la arquitectura y la oferta de productos locales son los que valorizan el establecimiento.
En cercanías de la laguna de la Cocha tuve la oportunidad de visitar la reserva Encanto Andino, de Conchita Matamanchoy, quien en 1991 tuvo la revolucionaria idea de hacer en su microfundio de tres hectáreas la primera reserva natural de una hectárea para recuperar el bosque húmedo alto andino. Luego empezó a desarrollar eco y agroturismo, convirtiendo su pequeña finca en lugar de intercambio cultural. Ella con gran seguridad y elocuencia dice que su profesión y único título es el de campesina y se siente orgullosa de serlo. Orgullo que ha transmitido a sus hijos, quienes después de asistir a diversos centros de formación, incluidas algunas universidades, han regresado al campo a trabajar y hacer desarrollo campesino. Para hacer el llamado milagro rural no nos debemos limitar a lo agropecuario. Debemos apoyar y apoyarnos en experiencias como esta de ADC, que además de apoyar la agricultura sostenible promueve otras facetas del desarrollo local que apuntan a la consolidación y al buen vivir del habitante del campo colombiano. El desarrollo rural no es el desarrollo de los grandes monocultivos, es el desarrollo de una relación armónica entre la vida ciudadana y la vida campesina.