Hace 20 años, en la reserva natural Suma-Paz, se creó la Red Colombiana de Reservas Naturales de la Sociedad Civil (Resnatur).
Esta asociación surgió como un acuerdo entre propietarios de tierras que tomaron la decisión de conservar muestras de ecosistemas naturales en sus predios. Proteger los ecosistemas en predios privados era visto por el Estado como un uso ocioso, y quienes protegían áreas boscosas corrían el riesgo de ser intervenidos por el Incora y terminar expropiados. La conservación era un monopolio del Estado y hacerlo por iniciativa ciudadana era casi una ilegalidad.
Convocados por la Asociación Reserva Natural Suma-Paz, un grupo de ciudadanos procedentes de diferentes regiones del país resolvieron declarar sus predios Reservas Naturales de la Sociedad Civil e iniciar un movimiento con el cual buscaban generar presión política para que se reconociera la posibilidad de conservar desde la propiedad privada. Buscaban que esta figura se entendiera como una forma adecuada de uso del territorio, y argumentaron que contribuían a la producción de agua y la conservación de la biodiversidad. Su gestión tuvo éxito y fue así como la Ley Nacional del Ambiente, conocida como la ley 99 de 1993 (artículos 109 y 110), reconoció los beneficios de la conservación en territorios privados.
Inicialmente fue una propuesta liderada por intelectuales preocupados por la destrucción de los ecosistemas naturales en Colombia, pero pronto fue acogida por pequeños productores que desde su práctica cotidiana entendían la importancia de conservar ecosistemas para proteger las fuentes de agua, la flora y la fauna silvestre. Se unieron campesinos que habitaban en minifundios en los alrededores de la laguna de la Cocha en Nariño, con áreas que se componían de una hectárea en adelante. Esto era inconcebible en ese momento, pues el Estado consideraba que la conservación sólo se podía adelantar en áreas extensas que aseguraran muestras completas de ecosistemas naturales no intervenidos. No obstante, hoy es evidente que el ejercicio de conservar se debe adelantar a lo largo y ancho de todo el territorio nacional. En las áreas donde predomina el uso agropecuario, las iniciativas de conectividad ecológica y social son una herramienta clave en la estrategia nacional de conservación.
Resnatur siguió creciendo y tuvo el apoyo de entidades internacionales, donde sobresalió por su continuidad la WWF. La iniciativa y la voluntad inclusiva de los fundadores de Resnatur llevó a un rápido crecimiento, con gran diversidad de grupos sociales asociados. Campesinos vinculados a la agricultura orgánica y al ecoturismo se unieron a la iniciativa. Hubo hacendados y ganaderos que implementaron sistemas silvopastoriles. Grupos afrodescendientes han participado en proyectos de la Red, de manera que hoy es una síntesis de la diversidad social, cultural y ecosistémica de Colombia.
Otro aporte innovador de Resnatur es el programa Herederos del Planeta: un movimiento de educación ambiental y aprendizaje en procesos organizativos y de liderazgo donde se han formado miles de niños. Esperamos que ahora el Gobierno nacional y los gobiernos regionales y locales faciliten incentivos económicos para reconocer el aporte social y ambiental de la conservación y se apoye con exención de impuestos a quienes definen la conservación como el uso y objetivo primordial de su propiedad. La iniciativa debe apoyarse para que pase a tener la trascendencia nacional que le corresponde.