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Manual del Revolucionario II: Decálogo

02 de marzo de 2011 - 10:00 p. m.

¿RECONOCE USTED LA GRANDEZA cuando está frente a usted? ¿O sólo ve miseria a su alrededor?

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Seguramente opta por el pesimismo, porque estamos en un mundo que perpetúa las formas tradicionalmente utilizadas para generar cambios, y éstos no se perciben cotidianamente. Ser revolucionario —como planteé en la anterior columna— consiste en romper con dichas formas. Es revolucionario, por tanto, no ejercer violencia de ningún tipo: el fin jamás justifica los medios y la violencia genera resentimientos que crecen sin límite.

Hoy también es revolucionario expresarse correctamente y poder comunicar una idea debidamente. ¡Cuántos conflictos se evitarían tan sólo utilizando un lenguaje adecuado! En un mundo cada vez más restrictivo y asustadizo es revolucionario exigir la restitución de las libertades perdidas; es necesario cuestionar, debatir y cambiar, cuando sea del caso, aquellas coacciones al desarrollo individual.

A continuación ofrezco diez sugerencias que en mi concepto son revolucionarias, pues las percibo ausentes de nuestros cotidianos:

1. Guíe por el ejemplo. No espere a que los otros hagan lo que usted sabe que debe hacer.

 2. Trate de evadir en lo posible el bombardeo constante de noticias: la mayor parte de las noticias se banaliza por medios irresponsables, deslumbrando con lo instantáneo, flash de cámara que enceguece e impide ver más allá; no lo hacen estar “bien informado”, lo hacen ser un chismoso pesimista.

 3. Abrace sus equivocaciones como aciertos. Estar equivocado es inevitable y da la libertad de cuestionarse y rectificar, sin vergüenza, cuantas veces sea necesario. Pocas cosas son más limitantes que tener siempre la razón y defenderla a como dé lugar.

4. Usted no vive solo, así parezca. A su alrededor hay otros como usted. Tomándolos en cuenta, reconociéndolos y respetándolos, vengan de donde vengan, se está usted haciendo respetar y se está dando valor.

5. Sea más compasivo de lo necesario, pues cada persona con la que se tropieza está librando algún tipo de batalla.

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6. No tolere a nadie. La tolerancia es algo negativo: tolerar, la mayoría de las veces, es una imposición y por ello se tolera a regañadientes. Lo deseable es el respeto. En el respeto siempre está presente la honestidad de un reconocimiento sincero; en la tolerancia a menudo se siente el tufillo nauseabundo de la hipocresía.

7. Aquello que nos conmueve es perdurable. Haga de su vida una obra de arte representada en cada uno de sus actos. El mayor impacto de las palabras o los actos es aquel impacto estético, pues jamás nos deja indiferentes y permanece, inmutable, en nuestra alma.

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8. Aceptar una falta y tratar de enmendarla dignifica. Nuestros representantes y demás figuras públicas no son el modelo a seguir.

 9. Asuma responsabilidad no sólo por usted mismo, sino también por el mundo en el cual usted vive. La democracia es popular, ya que es la forma de evadir el compromiso personal y aún así sentirse con derecho a quejarse de todo.

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10. Es mejor ser un idealista cursi a un intelectual cínico y estéril. Refabule su mundo con independencia de los condicionantes negativos a los que se ve expuesto a diario.

Me tomé el atrevimiento de sugerir estas diez normas simples, pues considero que si son observadas y compartidas con prodigalidad, pueden cambiar el mundo. Sin embargo, hay otras muchas que conocemos, conocimos o intuimos y que por diversas circunstancias olvidamos. Esas también son necesarias. Necesarias y revolucionarias como el optimismo, pues ¿cómo no ser optimista en tiempos de cambio?

 

atalaya.espectador@gmail.com

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