El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Sobre el fin del mundo y lo bueno que es estar equivocado

04 de enero de 2012 - 02:27 p. m.

ESTE AÑO SE ACABA EL MUNDO; POR lo menos ésa es mi apuesta. Se acaba el mundo que conocemos, en el que fuimos criados y el cual pretendimos heredar —con todos los horribles subproductos que ha ido dejando la Modernidad— a nuestros hijos.

PUBLICIDAD

El año que acaba de comenzar será aquel en el que se consolidarán los cambios que se iniciaron en 2011 y germinarán otros cuyos tallos hasta ahora despuntan. Sea como fuere, el mundo ha comenzado a dar un brusco giro del que ya no hay retorno.

Aunque nuestro país tradicionalmente va a la zaga de los cambios, atemorizado históricamente por alcanzar la mayoría de edad y así tener que depender de sí mismo, lo ocurrido en el planeta y en la región no lo dejó del todo indiferente. En este sentido, fueron los estudiantes quienes, por primera vez desde que tengo memoria, se unieron en pos de una causa común que, si bien no los afecta a todos por igual, sí demuestra a las claras el incipiente nacimiento de una conciencia ética que trasciende diferencias sociales, económicas y políticas. El año que acaba de pasar, los estudiantes colombianos despertaron, denunciaron con justeza a un mundo que está desapareciendo frente a nuestros ojos sin que nos percatemos, y propusieron alternativas novedosas frente a uno de los temas más importantes a tratar en el futuro.

Hace unos meses escribí en este mismo espacio que el movimiento estudiantil estaba destinado a fracasar (Imaginando el futuro sin usar la imaginación, 28 de abril de 2011), pues se hallaba anquilosado en viejos métodos de protesta que jamás habían dado frutos. He de decir que estaba equivocado. Hoy celebro el haberlo estado y le doy gracias a mis estudiantes quienes, con infinita paciencia ante la tozudez de su obstinado profesor, me hicieron caer en cuenta de ello.

El triunfo de los estudiantes frente a la reforma a la educación no tiene precedentes ya que por primera vez se unieron las universidades públicas y las privadas; por primera vez, los estudiantes —y no los agitadores profesionales— controlaron las manifestaciones; por primera vez, la violencia y la repetición de vetustas arengas le dieron paso a sanos brotes de creatividad; por vez primera, nuestros jóvenes se percataron del poder de la imaginación y la pusieron al servicio de una causa justa… y la imaginación triunfó.

Pero éste tan sólo es el primer paso. Lo que sigue es más complicado y exige mayor audacia. Hacía mucho que los gobernantes, sus asesores, los directivos de las universidades y demás funcionarios de las mismas, en fin, los “tecnócratas” (tan tontamente celebrados en nuestro medio), aquellos que han sido educados para ser eficientes y productivos, quienes sólo consideran la relación costo/beneficio frente a cualquiera de sus actos; aquellos que han sido educados para aplicar modelos económicos foráneos, que recitan como un credo los funestos principios empresariales que aprendieron en sus MBA y tratan de adaptarlos irresponsablemente a todos los campos de la vida; por vez primera, repito, estos “tecnócratas” levantan la cabeza del BlackBerry y prestan atención. Es por tanto hora de seguir cuestionando; el debate debe ahondar en aspectos espinosos como la responsabilidad social y académica de la universidad privada, el control de la calidad de los programas universitarios ofrecidos, la verdadera oferta laboral para profesionales recién graduados, la investigación y su pertinencia, entre otros.

En este 2012 el mundo se acabará y empezará otro. En 2012, mi apuesta es por que termine el deshumanizado mundo puesto en marcha por los sacerdotes de los MBA en las últimas décadas. Predicadores cuya doctrina ha fracasado estrepitosamente hasta en los ámbitos que le eran propios, como la banca y la bolsa. Mi apuesta para este 2012 es por un mundo con menos “tecnócratas” y con más seres humanos; un mundo en el cual se celebre el estar equivocado como fundamento para corregir un trazo erróneo, como soporte para retomar el camino que tantas veces se nos pierde.

atalaya.espectador@gmail.comTwitter: @JLoanarchist

Conoce más
Ver todas las noticias