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El hombre que fue Jueves

31 de octubre de 2008 - 08:18 p. m.

ME DA MUCHA PENA CON MIS LECtores (perdón por el optimista plural) pero debo dar un giro de 360 grados, como dicen los que tienen problemas con la tabla del 10: por esta vez, estoy de acuerdo con Herr Álvaro: estamos rodeados por el terrorismo: los indígenas son terratenientes y por lo tanto terroristas, porque sin terror no hay latifundio.

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E intolerantes, como se vio en Cali, donde montaron en cólera porque el Presidente les llegó a la cita con seis horitas de retraso. Es el colmo: aunque perdieron la guerra de 1492 y todas las subsiguientes, les entregamos la jungla y los páramos ¡y todavía piden más!

El terrorismo de las cortes es evidente. La Corte Suprema enloda sin miramientos el buen nombre de decenas de parlamentarios de la bancada del Gobierno; el presidente de la Corte Constitucional le dice a Yamid Amat que la congestión de los juzgados obedece a la ineptitud de las superintendencias, “responsables de la desatención en salud, educación, pensiones y servicios públicos”. No contento con estas infamias, añade: “La irresponsabilidad social del empresario colombiano es una enfermedad crónica, pero ha empeorado en los últimos años”. (El Tiempo, octubre 19). ¡Parecen palabras de un dirigente sindical!

Otro terrorista, el magistrado Jaime Araújo, le dijo a Margarita Vidal en El País del 26 de octubre: “Los últimos hechos demuestran que este es un gobierno autoritario. No se pueden reprimir con medidas de fuerza las protestas sociales. Los fascistas son alérgicos al diálogo”. ¡Se le salió el indio al magistrado!

Hasta Monseñor Rubiano está haciendo pinitos terroristas. Acaba de decir, en el maternal tono que lo caracteriza, que “el Presidente debe descansar en el 2010 y volver luego”, pero agregó con insidia: “La re-reelección es una bofetada a la democracia y le cierra el camino a las nuevas generaciones”. ¡Claro que lo dice un cardenal, es decir, un buen hombre que morirá aferrado al trono como cualquier dictador caribeño!

Hasta Luis Carlos Sarmiento, quién iba a pensarlo, anda incurso en terrorismo. Sin rubor alguno le dijo a Amat que la injusticia del Estado “fue la causa central del origen de la guerrilla”. (El Tiempo, octubre 12). Un discurso exacto al de las Farc, con la diferencia de que Sarmiento ha “tumbado” mil veces más casas que las pipetas de la guerrilla. Ergo, es un megaterrorista.

En público, el Presidente dice que la culpa de la debacle es de las cortes, las cortes dicen que los empresarios son unas coscofias y los empresarios dicen que el Estado es un agujero negro, pero en el club todos están de acuerdo con que la causa última de nuestras desgracias es el pueblo, esa horda de haraganes, y los indígenas, esos terratenientes. Ah, y los ochenta y tantos miles de “casos aislados” de infracciones al DIH por parte del Ejército y la Policía. Y del DAS, el servicio de inteligencia de Petro.

Repaso estas líneas y recuerdo una novela de Chesterton, El hombre que fue Jueves. Trata de las conspiraciones de un círculo supersecreto de anarquistas que un día descubren con estupor un infiltrado, un policía. Y otro día descubren otro, y otro, y otro, hasta llegar al jefe del círculo, Domingo, a la vez jefe de la policía.

No quiero ni pensar que esta pesadilla se repita y que un día nos despertemos con la tremenda nueva de que no era Petro el comandante de los terroristas sino Uribe. El País publicó hace ocho días unas declaraciones suyas que hacen temer lo peor. Herr Álvaro habló del “capitalismo salvaje” y les echó vainazos sutiles a las Cooperativas de Trabajo Asociado. Temo que la Presidencia haya sido infiltrada por la facción más negra del terrorismo, los corteros de caña.

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