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El mamo silba y la Pachamama

13 de noviembre de 2015 - 09:00 p. m.

En los últimos días he escuchado dos declaraciones curiosas sobre la sexualidad. La primera vino de la mismísima Pachamama, que habló por la boca del mamo Rogelio Mejía.

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La primera vino de la mismísima Pachamama, que habló por la boca del mamo Rogelio Mejía. Mejía Propone cerrar el parque Tayrona para que los arhuacos hagan jornadas de limpieza. Ayuno. Rituales. Danzas. “Es que los hermanitos menores vienen y causan daños físicos y energéticos”, explica. Los daños físicos son los ecológicos. La contaminación causada por carros, basura, fogatas, etc. Los “energéticos” son los desórdenes cósmicos causados por la lujuria de los hermanitos menores y se traducen en catástrofes y perturbaciones del clima.

Como es sabido, el turista es un animal lascivo. Le parece que vacaciones sin polvo son una plata perdida. Y si el escenario es un paraíso como el parque Tayrona, peor. Se alebresta y ataca al que sea, incluso al cónyuge. O a los mamos. Pero las relaciones homosexuales son más peligrosas, asegura Mejía. El sexo entre hombres produce sequías; entre mujeres, lluvias dañinas. Esto explica por qué siempre estamos en emergencias climáticas: porque la comunidad LGTBI no descansa. Cuando no son ellas (inundaciones) son ellos (sequías). Pero Mejía no explica qué consecuencias traen las relaciones heterosexuales. ¿Producen mamos? ¿Ordoñismo? ¿Flacidez? ¿Priapismo? ¿Calvicie? ¿Concejales? ¿Testículos cúbicos? ¿Mamera?

Otra duda que me asalta es si el cosmos distingue al turista del arhuaco. ¿Y si se trata de turistas arhuacos? Y si son arhuacos bisexuales, ¿habrá lluvia seca? ¿Sequía húmeda? ¿Concejales calvos? Si el sexo contamina al cielo, ¿dónde lo hacen los arhuacos? ¿En Miami?

Ya en pleno trance cósmico, el reportero de Semana le pregunta: ¿Podría verse la Mesa de La Habana como un proceso de descontaminación? Y Mejía responde: “Respeto el esfuerzo que ha hecho el presidente, pero siento que la guerrilla no ha reparado su espíritu. Por lo tanto, la paz no será verdadera, ni duradera”. O sea que, según este hermanito mayor, el establecimiento colombiano ya reparó su espíritu. ¡Por Dios, Mejía, el establecimiento nunca ha tenido de eso! Lo que faltaba: un mamo de derecha.

La segunda declaración es curiosa por su incoherencia y vino de Toro, Valle. Esa población acaba de dar ejemplo nacional al elegir como alcalde al candidato del Centro Democrático, el médico homosexual Julián Bedoya, un espécimen singular: un gay uribista. ¿Cómo se infiltró un sujeto así en las marciales filas del CD? ¿Sucedió a espaldas de Uribe?

Inicialmente, la noticia me alegró. Que los toreños elijan a un señor gay es una muestra de respeto a la diversidad, me dije. Pero cuando el señor abrió la boca fue como si hablara, otra vez, la Pachamama. He aquí algunos de sus oráculos, si se me permite el vocablo.

“El Centro Democrático es un partido pluralista, incluyente y con un pensamiento muy abierto y principios arraigados en la libertad”. ¿Gaya ciencia?

Bedoya está en contra del matrimonio igualitario “por principios cristianos y católicos”, y contra la adopción de niños por parte de parejas homosexuales porque “Colombia no está preparada. Todavía nos falta crecer como sociedad. Civilizarnos”. Es decir: el matrimonio igualitario es inmoral, pero cuando Colombia sea una nación civilizada estas adopciones serán chéveres y lo inmoral será moral. ¿Capisci, papi?

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El doctor gay está en contra del aborto, por supuesto, y lo sustenta con esta primicia científica: “Creo que la naturaleza y la condición fisiológica de la mujer permiten traer un ser vivo a esta sociedad”. ¡Esta sí es mucha loca!

Estoy por creer que el mamo tiene razón: que el jaleo de los turistas en Tayrona perturba el cosmos y produce bobos plurales en Toro.

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