El Proceso 8.000 movió más plata, pero la Ñeñepolítica es mucho más turbia, más retorcida. Puede ser el escándalo más cínico de nuestra torva historia. Nunca habíamos visto que una campaña le robara dineros a otra para robarle las elecciones a una tercera.
Resumo el asunto para los que llegaron tarde. La semana pasada el periodista Gonzalo Guillén publicó las transcripciones de unos audios de las conversaciones de José Guillermo Hernández, alias Ñeñe, con una “MD” (mujer desconocida). Los contenidos son suculentos. Ñeñe le dice a MD que por fortuna le robaron $100 millones a la campaña de Vargas Lleras en la primera vuelta, pero que se necesita más dinero para meterlo por debajo de la mesa en la segunda vuelta. MD responde que ya tiene $1.000 millones y que Duque y Uribe le ordenaron triunfar en La Guajira.
Las grabaciones las hizo la Dijín en el curso de las investigaciones por un homicidio perpetrado en 2011, y estuvieron engavetadas en la Fiscalía durante 21 meses. Parece que Néstor Humberto Martínez las consideraba pruebas palmarias de “un fraude electoral nauseabundo que revelaré a la opinión pública después de la segunda vuelta”. Explicó que no lo hacía en ese momento para no ser acusado de intervenir en política.
Al final no dijo nada, perdió la memoria o el olfato o le llenaron la boca de oro o lo amenazaron con publicarle cosillas de Odebrecht.
Cuando las transcripciones fueron públicas, las redes se llenaron de fotos del Ñeñe con Duque, Uribe y altos mandos del Ejército. Uribe y Duque arguyeron que ellos se tomaban fotos con todo el mundo, que no le pedían pasado judicial a nadie para una selfie, que su relación con el Ñeñe nunca pasó de roces sociales esporádicos y que las fotos correspondían a la época en que el Ñeñe era un señor exitoso y respetable. ¡Ganadero pero respetable!
Lo que siguió luego fue tan fatal como la vida de María Mónica Urbina. Se supo que el Ñeñe era testaferro y brazo político y financiero de la tenebrosa organización de Marquitos Figueroa; que había dejado de ser respetable hacía mucho tiempo, por lo menos desde el 2015, cuando le abrieron un expediente por homicidio; que sus bienes estaban en extinción de dominio; que su muerte en Brasil fue una vendetta, no un accidente en medio de un atraco, y que no utilizaba Uber sino aeronaves del Ejército.
También se supo que su amistad con Duque databa de muchos años atrás porque el padre del Ñeñe era muy cercano al padre de Duque.
Como si fuera poco, trascendió que MD sería María Claudia Daza, asesora de Uribe, ñaña del Ñeñe e íntima de su viuda, la exreina.
Uribe repitió viejas letanías: que jamás en su vida ha comprado votos y que todo obedece a una conspiración para manchar su albísima trayectoria pública. Olvidó el voto que le compró a Yidis Medina (el célebre cohecho sin “co”), las votaciones atípicas en zonas paramilitares en las elecciones presidenciales de 2002, 2006 y 2010, la silla VIP del Ñeñe en la posesión de Duque, el dolorido trino de pésame del expresidente en la muerte del Ñeñe.
Si había alguna duda sobre la identidad y la responsabilidad penal de MD, quedó despejada en la entrevista que le concedió a Vicky Dávila el lunes. “Esto es muy doloroso… Claudia Daza debe renunciar”, dijo un Uribe visiblemente preocupado.
Si el Gobierno y el Centro Democrático venían dando tumbos y haciendo papelones, la Ñeñepolítica es la tapa. Ahora tendrán que darle otro ministerio a Vargas Lleras y otra embajada a Gaviria, volver a exigirles a los compañeros que cuiden las comunicaciones y rogar para que este cuatrienio termine rápido.
Y conseguir alguna amistad presentable, así sea pagándola con plata robada.