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Los ministros y las Farc

22 de mayo de 2015 - 11:00 p. m.

SE FUE PINZÓN DEL MINISTERIO DE Defensa y nunca se supo para quién trabajaba ni cómo se saltó de un brinquito la larga fila de aspirantes a la embajada en Washington.

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Nunca destapó la olla de la contratación pública de las FF.AA., que debe ser suculenta y turbia. Siempre habló duro contra las Farc, para la galería, como haciendo el  trabajo del policía malo, como un vocero del Centro Democrático, digamos, mientras Santos usaba un lenguaje más conciliador. Llega Villegas, el exembajador en Washington, un señor con mejor perfil para el postconflicto aunque, para esa cartera, no hay perfil que valga. No será fácil su papel. Le toca mantener a raya a los generales más troperos de las FF.AA., prorrogar sus jugosos contratos de suministros, ser muy laxo en el control de los gastos operativos y soportar a Uribe, que nunca estará contento con el papel de los militares en La Habana. Si el Gobierno los sienta en la mesa, dice que Santos los humilla al obligarlos a negociar con terroristas. Si no los invita, dice que les está entregando el país a las Farc y que negocia de espaldas al Ejército. Pese a la masacre de los soldados en el Cauca, los diálogos continúan. Hasta los republicanos los apoyan. Uribe y el procurador hacen guiños de aprobación, aunque no engañan a nadie. Todos sabemos que ambos saben que si hay avances notables en La Habana antes de octubre, la Unidad Nacional ganará más alcaldías y gobernaciones, y que si la paz da buenos dividendos en los dos próximos años, el próximo presidente será Vargas Lleras. Y si no los da, también. Vargas tiene casas y carreteras para la paz pero no tendrá inconveniente en quitarse el chaleco de ingeniero y ponerse un camuflado si los diálogos fracasan y la guerra se recrudece. Su fascinación por la guerra es casi igual a la de Uribe. Ambos aman “la fiesta de la guerra”, como la llamaba Estanislao Zuleta.(A propósito de elecciones, don Germán: ¿no le da pena que Cambio Radical avale a una ficha de Kiko Gómez, el macabro exgobernador guajiro? Mire que la gente murmura…). El punto de la justicia transicional sigue empantanado. Todo el mundo pide cárcel para la cúpula del secretariado de las Farc pero Timochenko riposta hábilmente y pide cárcel para los militares, los ganaderos, los industriales, los senadores, los notarios y los pastores que han tenido velas en este entierro (aquí entre nos, la responsabilidad criminal de un agente del Estado o del establecimiento es mucho mayor que la de un guerrillero. Como decían en Roma, “a mayor dignidad del cargo, mayor gravedad del acto”). Como estos juicios tardarían mil años y un día, al final la solución será una ley de perdón y olvido para los genocidas de ambas partes, o penas alternativas leves, simbólicas, como se hizo aquí con los paramilitares o como se ha hecho en todos los procesos de paz del mundo. Si el confinamiento en prisión fuera la solución a los problemas sociales, Colombia, con las cárceles atestadas y el quinto país del mundo con el porcentaje más alto de su población tras rejas, sería un paraíso. Pero, llegado el momento, las Farc deberán aportar su parte al capítulo “verdad y reparación”. Hasta ahora, han sido refractarias a reconocer sus errores y a pedir perdón; en parte, por su inveterado fanatismo pero también por el temor a autoincriminarse, algo que podría pesar mucho en posibles juicios futuros. Sin embargo, deben confesar. La sociedad colombiana espera de su parte siquiera actos simbólicos de reconciliación. Que cuenten la verdad sobre ciertos episodios claves de su tenebrosa historia y que aporten ideas y recursos para la reparación de las víctimas son elementos imprescindibles para iniciar un proceso de reconciliación nacional.

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