A la hora de refutar los cargos contra Uribe, Paloma Valencia, Duque, Lina Moreno y todos los voceros del uribismo hablan de la gestión presidencial de Uribe, de sus virtudes, de la «Patria», Santrich, Thomas Mann y Sándor Márai, de una constituyente y de reformas a la justicia, de todo, menos de los cargos contra Uribe. Fieles al estilo del maestro, desvían la discusión, recusan al juez y el victimario resulta ser tierna víctima. Sabiéndose perdidos en los estrados, trasladan el caso a escenarios mediáticos y emocionales.
Todos inician sus alegatos declarando su respeto a la Constitución y las cortes, y acto seguido se pasan por el fundamento la Constitución y las cortes.
Paloma Valencia asegura que el juicio a Uribe es político, no jurídico, y propone una constituyente, que es una asamblea política, no jurídica, y lanza contra la Corte Suprema de Justicia acusaciones políticas, no jurídicas. Como escribió el domingo Felipe Zuleta Lleras, a los uribistas «les incomoda profundamente el Estado de derecho, salvo que ellos sean el Estado y tengan el derecho».
La CSJ no dictó la liberación de Santrich por órdenes de Moscú ni del camarada J. M. Santos, sino porque su proceso estuvo plagado de irregularidades y porque la prueba reina, el video del cieguito negociando una «merca», tenía mal audio y estaba editado. El video completo solo fue divulgado por el fiscal Martínez dos días después de la liberación de Santrich.
El miércoles el presidente Duque volvió a insistir en su fiasco estrella: si se hubieran aprobado sus objeciones, asegura, Santrich habría perdido sus gabelas pues fue capturado en flagrancia, su caso habría pasado a la justicia ordinaria por tratarse de un delito cometido después del 01/12/16 y no se habría escapado. Duque miente: los delitos cometidos después de esta fecha no están cobijados por la JEP, la flagrancia nunca se consumó y la prueba de la intención delictiva llegó tarde gracias a las marrullas del fiscal Martínez.
La cantinela de que el prohombre está detenido mientras los asesinos de las Farc están en el capitolio solo busca incendiar la galería y lanzar un enésimo torpedo contra el proceso de paz.
«Que el prohombre se defienda en libertad», claman sus adeptos y juran que Uribe no se volará —como varios amigos suyos que se volaron siguiendo los consejos del prohombre— y que la justicia debe confiar en que un sujeto acusado de manipular testigos no aprovechará su libertad para seguir manipulando testigos.
La detención preventiva de su abogado Cadena es otra vuelta de tuerca en los grilletes de Uribe. La torpeza de este señor, el «abogánster», fue evidente en su indagatoria ante la Fiscalía en noviembre de 2019, diligencia cuyo video divulgó Caracol esta semana. Las incoherencias y chapucerías de Cadena dejaron perplejo al fiscal que lo interrogó. ¿Cómo pudo este filipichín conseguir un cliente como Uribe? Fue sencillísimo. Cadena conoció en una cárcel de Miami al narco Ramiro Quintero, quien dijo tener pruebas de la inocencia de Santiago Uribe. Húmedo de la emoción, Cadena corrió donde Uribe («Estaba recién operado de la próstata y andaba con bastón, me acuerdo») y le contó la buena nueva. Uribe también se excitó, se quejó de que su abogado Jaime Granados no hacía nada por Santiago y le dijo a Cadena: «Proceda, doctor».
Resumen. El «abogánster» es un pez en el agua del bajo mundo, sabe de trajes y de aviones pero le brota una estupidez suicida: ¡escribió de su puño y letra la declaración de un testigo y puso una denuncia por extorsión en una notaría! Y Uribe fue un hombre que vivió vendiéndole el alma al diablo, ¡y tumbándolo, como en los cuentos de Carrasquilla!
Ironía. A Uribe le resultó más útil Santrich que sus abogados.