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Un dulce milagro

16 de octubre de 2015 - 09:11 p. m.

Ante la multa de $ 324.000 millones que les impuso la Superintendencia de Comercio (SIC), los azucareros han reaccionado con más ruido que argumentos.

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El cargo es grave: varias asociaciones del gremio y doce ingenios (Incauca, Riopaila-Castilla, Manuelita, La Cabaña, Providencia, San Carlos, Mayagüez, Pichichí, Risaralda, Carmelita, Central Tumaco y María Luisa) fueron hallados culpables de cartelizar los precios del azúcar. Esto significa que obstruyeron las importaciones de azúcar y se concertaron para mantener alto el precio del producto.

Los azucareros alegan que ellos no fijan los precios internos del azúcar. Falso. El Fondo de Estabilización de los Precios del Azúcar (Fepa) lo administra Asocaña y 7 de sus 12 miembros son representantes de los ingenios. Como quien dice, el zorro cuidando el gallinero.

Alegan que ellos no pueden obstruir las importaciones. Falso. Sus lobistas lograron que el arancel del azúcar se fijara en 70%, el impuesto más alto a todas las importaciones en este y en cualquier país del mundo. Como si no les bastara esta altísima barrera, han conformado empresas para comprar los excedentes de producción de varios ingenios latinoamericanos.

Alegan que la suma fijada por la SIC no tiene antecedentes en el mundo. Falso. La suma la establece la ley colombiana, no la SIC, y es muy inferior a las impuestas al cartel alemán del azúcar, € 280 millones, y al cartel francés de productos higiénicos, € 605 millones.

Alegan que tienen una larga tradición de respeto por la ley. Falso. En el 2010 fueron condenados por cartelizar el precio de compra de la caña de azúcar a agricultores y colonos ( “colono” es la persona que le arrienda tierras a un ingenio).

Alegan que aportan 180.000 empleos directos de alta calidad. Es falso. Los ingenios siguen tercerizando los contratos de corte de caña, una modalidad que ha sido prohibida por la ley n veces y resurge siempre bajo n + 1 máscaras en todas partes, especialmente en las empresas más grandes y distinguidas.

Alegan que la multa los llevará a la quiebra. Falso. La multa solo representa el 7% de los gastos operacionales de los ingenios.

Sin citar estudio alguno, Luis Fernando Londoño Capurro, presidente de Asocaña, afirma que “el azúcar extranjera está llena de porquerías”.

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Han hecho causa común con el gremio Paloma Valencia, Álvaro Uribe, Roy Barreras, Christian Garcés, Juan Fernando Velasco, y Jorge Enrique Robledo. Sorprende y conmueve este súbito y espontáneo concurso de sujetos que nunca antes habían coincidido en nada. Una prueba patente de las milagrosas virtudes del azúcar.

(Admirable el movimiento de Robledo. Con esta jugada manda el mensaje de que es un comunista exquisito y le coquetea a un gremio tan poderoso como el Sindicato Antioqueño, el patrocinador de Sergio Fajardo, uno de sus rivales en las elecciones presidenciales del 2018).

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Los azucareros están desinformando a la población, desconociendo las sentencias del Gobierno y creando pánico financiero, una actitud que no se compadece con la generosidad de un Estado que les ha concedido las generosas gabelas tributarias que han Hecho posible la financiación de la construcción de las plantas de etanol y expedido los decretos que hicieron obligatorio el uso de este combustible que les reporta ganancias anuales de $ 500.000 millones.

Los azucareros nadan en oro pero no están satisfechos. Van por las monedas de la libra de azúcar.

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Con sus prácticas mafiosas, los ingenios perjudican al consumidor, acorralado ya por una surtida jauría de carteles, y obstruyen la libre competencia, el alma de esa economía de mercado que dicen profesar.

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