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Un test para la segunda vuelta

01 de junio de 2018 - 11:00 p. m.

El domingo, luego de la derrota  de mi candidato Sergio Fajardo, quedé muy patidifuso. Y ahora qué hago, me pregunté: voto en blanco para no perder la costumbre de perder, o voto por Iván Duque para combatir la jartera de la paz y volver a la fiesta de la guerra, o voto por Petro para que Colombia sea como Venezuela y los inmigrantes de ese país se sientan como en casa al llegar acá. El dilema lo resolví de esta manera.

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Hay que calificar los candidatos, me dije, en cinco puntos clave porque el país tiene cinco desafíos absolutamente centrales: combatir la corrupción, disminuir la desigualdad social, llevar a buen puerto el posconflicto, fortalecer las instituciones y preservar el medio ambiente. Aunque la importancia de todos los puntos es obvia, me detendré cinco líneas en cada uno.

Desigualdad. Como nadie ignora, Colombia es uno de los países más desiguales del mundo. Todos nuestros “Ginis” (riqueza per cápita, concentración de la tierra, cuentas corrientes, etc.) son desastrosos. El 10 % de los colombianos tiene el 85 % de la riqueza nacional. La desigualdad se traduce en problemas de salud, educación y orden público, movilidad social lenta, consumo bajo y por tanto baja producción. La pregunta no es cuál de los dos candidatos hará la distribución perfecta (Gini cero), sino cuál de ellos tiene la imaginación y la sensibilidad para morigerar esta mórbida situación.

Corrupción. En lo único en que coinciden los analistas ahora es en señalar la corrupción como el problema número uno. Y la solución aquí tampoco es mágica. La corrupción no se combatirá con algoritmos, ni decretando más leyes ni construyendo más cárceles ni creando otro organismo de control. Por eso en este punto mi test propone mirar los antecedentes de los candidatos. Si hay empate (ambos son santos, o ambos son pillos) hay que mirar los círculos que los rodean y calcular a ojo de buen cubero dónde hay menos bandidos y cuál de los candidatos ha tomado acciones concretas contra la corrupción.

Instituciones. Ningún país ha salido del subdesarrollo con instituciones débiles, sin un sistema de pesos y contrapesos que funcione. Pero la pregunta no es cuál de los finalistas promete respetar la independencia de los tres poderes (por definición, un candidato es un sujeto que promete portarse muy bien), sino cuál de los dos está en capacidad de capturar los tres poderes.

Medio ambiente. En Europa, el 65 % de la población citadina adulta es indiferente al problema del cambio climático. En Estados Unidos la cifra pasa del 80 %. En Colombia debe ser peor. Curiosamente, son los jóvenes y los campesinos los que tienen más conciencia ambiental. Descartado un milagro que cambie estas cifras, tenemos la obligación vital de preguntarnos: cuál de los candidatos conoce mejor el tema ambiental, cuál velará con más celo para que no tiznemos el aire, para que no enturbiemos las aguas.

Posconflicto. La paz es un viejo sueño. Todos, hasta los guerreristas, la han perseguido. Ambos candidatos juran, con matices, que respetarán los acuerdos y apoyarán la difícil etapa del posconflicto. ¿A cuál de los dos le cree usted? ¿En cuál de las dos facciones siente usted la tolerancia y la generosidad necesarias para pasar esta página de odios y retaliaciones y construir un país menos bárbaro?

Haga este breve test, caro lector, quite o agregue puntos, responda las preguntas, califique a los candidatos de cero a cinco en cada punto, y sume. El total le dará una respuesta más objetiva que la mera elección emocional, la que muchos tendemos a hacer. Estamos, casi sobra decirlo, en un momento crucial. De que los ciudadanos votemos a conciencia y con tino depende la suerte de la nación.

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