Los ideólogos saben que su capital más preciado está en la juventud, pues es justo durante ese período crítico de la vida cuando es posible “troquelar” una mente.
El virus de las ideologías fanáticas hace sus mayores estragos a temprana edad, cuando el cerebro es maleable y el “antivirus” de la razón aún no ha desarrollado sus escudos.
Un buen porcentaje de la educación primaria y secundaria en Colombia está todavía en manos de curas y monjas. El proselitismo religioso es asunto cotidiano, lo cual se considera normal, siempre y cuando el adoctrinamiento se haga dentro de la fe católica. Menos habituados están los colombianos a ver proselitismo político en los colegios. Es por esta razón que las recientes intervenciones del expresidente Uribe en varios planteles educativos de élite han despertado indignación entre quienes consideran que los centros educativos no son lugares apropiados para esta clase de discursos.
Aunque hay que reconocer el derecho a la libre expresión, comparto la opinión de quienes consideran esta clase de intervenciones poco apropiadas y de pésimo gusto. En primer lugar, la agenda política de Uribe no es secreto para nadie. Hablar en términos generales de liderazgo sin hacer alusión a su propia figura como referente resulta imposible para alguien que se percibe a sí mismo como un salvador mesiánico. Obviamente es la figura particular del exmandatario la que se pretende exaltar ante los ojos de los jóvenes, no la de un líder en abstracto. Dudo de que un discurso a cargo de Piedad Córdoba despertara el mismo entusiasmo. Debo advertir que igualmente inapropiada me parecería una charla suya o de cualquier otro activista político.
Sin importar que el invitado sea Uribe, los colegios no son lugares apropiados para proselitismos políticos, ni religiosos, ni para la propagación de ideologías, sin importar de dónde provengan. No hay nada malo en que estos planteles promuevan el desarrollo de una consciencia política entre los estudiantes, siempre y cuando ello se haga dentro de un escenario pluralista, uno donde se pueda escuchar una opinión y la contraria.
La Unión Astronómica Internacional ha mantenido la venerable costumbre de impedir que a los cuerpos celestes se los llame con nombres de líderes militares, políticos o religiosos. En esa misma tradición sería deseable que fueran otros los personajes dignos de ser invitados y presentados como modelos para la juventud: los humanistas, los científicos, los artistas, todos esos individuos que han contribuido a convertir este mundo en un lugar mejor.