María Moreno, que es una reconocida escritora argentina, sobreviviente de una época violenta y de sus excesos, fue comisionada alguna vez de escribir un testimonio sobre su alcoholismo. El ejercicio, que publicó en la revista Latido, se convirtió luego en lo que ella llamaría un “ritual de despedida para la nostalgia”: Black out (Random House).
Cuando se lee no ficción casi siempre se parte de una desconfianza: ¿realmente me interesa saber de tu vida? El reto para el autor no es contar una vivencia jamás vista, sino tener la habilidad de encontrar la extrañeza y crear una complicidad con el lector. Algo como: sí, sé que también has pensado esto, pero no te atreves a decirlo.
Moreno cubre casi todos los frentes. El relato navega entre los sentidos psicológicos de diario personal, la memoria, el mapeo de la Plaza Miserere y Barrio Norte de Buenos Aires, el microensayo y la crónica de una época (la bohemia literaria del 60 y 70). Incluso crea una filosofía del alcohol. Son elementos que se sostienen, se hilan y complementan gracias al artificio que es la escritura.
Hay alcoholismo, pero no hay culpa. Al menos no hasta el día después del black out. Una copa en la mano también tiene sus ventajas. La hace sentir protegida, incluida especialmente entre los hombres, la pone a pensar en nuevos sentidos de lo literario y lo político. Hay una fraternidad que solo se logra en el bar y por eso cualquier banalidad puede convertirse en teoría. “En el bar es posible el olvido de la finitud” que puede alentar complots o revoluciones de obreros, como cuenta Moreno, “mediante un cierto equilibrio de la borrachera”. Beber en demasía es una declaración en contra de la moral impuesta por ciertas políticas.
El alcohol y sus múltiples caras (“todo alcohólico ignora en qué momento exacto pasó de ser Dr. Jekyll para convertirse en Mr. Hyde”). El alcohol como medida (“nuestra amistad tenía la edad de nuestro whisky”). El alcohol como patria (“por eso no se la pierde. Solo que se puede estar exiliado de ella”).
Uno de los símbolos más intensos del libro es la boca del padre. El padre abre botellas de cerveza con los dientes, boca que aun cuando mueca es ávida, boca despojada del resto del cuerpo cuando es soñada por la narradora, sensual en su “cualidad de herida”. Pensar en este espacio es también volver a las preguntas: ¿Por qué? ¿Cuál es aquel motivo, el pequeño motivo que nos forma y deforma a nosotros como personas y a la sociedad como un cuerpo demasiado humano? Al fin Moreno responde: “bebo en exceso porque bebo con la boca de mi padre”.