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Eurosarty en París, y en Siria continúa la masacre

15 de junio de 2012 - 06:00 p. m.

El mercado y la vigencia de los derechos humanos es una de las paradojas que vive el sistema democrático. Eurosarty y la situación en Siria son su mejor ejemplo.

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El pasado 11 de junio se abrió esta muestra de armas que da cuenta de las últimas tecnologías y nuevos especímenes destinados a la defensa y seguridad; están presentes más de 1.300 expositores de 54 países. Este evento se lleva a cabo en el gran Palacio de las Exposiciones, en los suburbios de París.

El gran expositor de nuevas tecnologías es Rusia, el proveedor de las armas que asesinan a mujeres, niños y adultos en Siria. Esta semana en París se realizan los grandes negocios de armas a la vista de todo el mundo. A eso le llaman defensa y seguridad; este eufemismo es la carta de legitimidad de este mercado. Para los países productores, unas son las armas de defensa y seguridad y otras las que alimentan los conflictos.

¡Qué ironía que mientras los países expositores hacen sus negocios en la enorme exposición de Eurosarty, ellos mismos discuten en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas el fin de la masacre del dictador sirio contra su pueblo! Pero la gran autoridad política internacional no ha podido decretar el embargo de armas contra ese país.

Le preguntamos al gobierno de Francia, país anfitrión de este mercado, y a todos los gobiernos presentes en ese evento, cuáles son los parámetros éticos de su política internacional. Ustedes juzgan las situaciones de derechos humanos de los países que viven en conflicto gracias al rentable mercado de sus armas; ustedes son jueces en causas alimentadas por sus industrias bélicas. ¿Tiene sentido esta contradicción?

¡Qué ironía: en la capital de los derechos humanos se coartan las libertades a organizaciones sociales como Amnistía Internacional, Oxfam y otras a las que no les permitieron ingresar al recinto de la exposición! Los noticieros franceses muestran a sus representantes amordazadas en protesta simbólica porque la prohibición de ingreso coarta también la libertad de opinión y expresión.

La paradoja mercado-derechos humanos muestra la incoherencia de los estados miembros de las Naciones Unidas frente a los derechos humanos. Mientras este tema siga siendo un factor de conveniencia política de los Estados, seguirán presentes la ironía, la doble moral y las paradojas que hacen inoperantes las instituciones, los tratados y convenios internacionales que llevan más de medio siglo tratando de cambiar la cultura de la violencia y la discriminación para consolidar el respeto por la vida y la integridad de las personas y de los pueblos.

* Ligia Galvis Ortiz, abogada y filósofa.

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