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La violencia contra las mujeres es intolerable para la democracia

16 de agosto de 2011 - 06:00 p. m.

El fútbol es un deporte que funciona con una ética del respeto por la dignidad de todas las personas; es un espectáculo que no sólo convoca a los hombres; las mujeres aparecen en las graderías de los estadios, con el canto del gol en la garganta y sus rostros pintados con los colores de sus equipos; también aparecen en las canchas para defender los colores del país. Para que esta práctica sea la fiesta de la humanidad debe estar libre de violencias en los estadios y, ante todo, contra las mujeres.

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Para quienes aún piensan que golpear a las mujeres es un asunto privado, les recordamos que éste es un flagelo intolerable para la sociedad y para el Estado. Maltratar a una mujer es una cuestión de orden público, así se realice en la intimidad del hogar. La igualdad entre hombres y mujeres no es un espejismo constitucional, ni está sujeto a decisiones emanadas de la voluntad de las personas. Golpear a una mujer es una agresión que ofende a todas las mujeres y desprestigia a los hombres como seres aptos para vivir en sociedades fundadas en el respeto a los derechos de todas las personas y hace imposible el funcionamiento de la democracia.

Los últimos dos casos de violencia contra las mujeres involucran a dos hombres investidos de autoridad y prestigio: un oficial del Ejército y el director técnico de la Selección Colombia de mayores, Hernán Darío Gómez. El militar tendrá que recibir su castigo ejemplar. El señor Gómez golpeó a una mujer que estaba en su compañía, en presencia de las personas que se encontraban en los alrededores del centro de diversión. Él reconoce el delito y renuncia a su cargo. Ahora siete hombres que conforman la instancia de decisión del organismo rector del fútbol colombiano pretenden resolver el caso con una simple amonestación, porque es más importante la Selección que la ofensa al 52% de la población colombiana. Es más importante la continuidad del técnico maltratante que la depuración de la sociedad de todas las formas de violencia que afectan a las mujeres colombianas.

Es inaceptable que a las violencias de las barras bravas se agregue la violencia de un técnico contra su acompañante y que este hecho no merezca la intervención de las autoridades para sancionar de manera categórica este caso como lo ordena la ley 1257 de 2008. El Estado, a través de todas sus autoridades, no puede permitir que un solo caso de violencia contra las mujeres quede sin castigo. Las mujeres y los hombres conscientes de que esta forma de violencia es contraria a la civilidad y a la democracia no podemos dejar pasar este hecho como un simple caso de vida privada. La democracia no funciona sin respeto a la vida, la dignidad y la integridad de las mujeres. El fútbol no acepta más violencias y las mujeres no aceptamos más Bolillos paseando por el mundo como si su acto fuera un simple caso de vida cotidiana. La Federación de Fútbol no puede desconocer los mandatos constitucionales y legales, ni los tratados internacionales que sancionan y condenan toda forma de violencia contra el género mayoritario de la humanidad. Las mujeres también contamos en la decisión, así no formemos parte del Comité Directivo de la Federación.

*Abogada y filósofa.

 

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