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Ahí perdonan

17 de agosto de 2008 - 07:01 p. m.

LOS PRESIDENTES HOY EN DÍA, afianzados en el populismo, recortan distancias de solemnidad y prefieren ser vistos como muy humildes o como muy humanos. A veces con el desparpajo del hombre fuerte de Venezuela, que transmitió a su auditorio cautivo ciertos afanes corporales, de aquellos que, bien dijera el Quijote, “más vale no meneallos”.

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El de Colombia ha resultado “humilde, humilde, humilde”, como en el verso de Porfirio. Con toda humildad acaba de decir que se equivocó al nombrarles en la diplomacia amigos y familiares a los congresistas. No volverá a pasar, fue cosa de su gobierno anterior, ha dicho, en son de aplicarse a sí mismo el espejo retrovisor. Y ya son varias las ocasiones en que ha pedido perdón por acciones oficiales.

Y no sólo han sido las incursiones militares o detectivescas en territorio vecino o la salida en falso del caso Cruz Roja y su emblema abusado, sino que las disculpas se han dado por otros errores, como el arriba mencionado del clientelismo diplomático.

Favores a congresistas, otorgados a cambio de la aprobación de proyectos y, entre éstos, del insólito de reforma para su reelección inmediata, por medio del cual se está perpetuando en el poder.

“Ahí perdonan…”, parecer decir, sin inmutarse. Lo mismo le da infringir el espíritu de la República que postrarse de hinojos ante el cuerpo del padre Marianito (venerado en Angostura y Yarumal, de mis ancestros ) o en la capilla de la Curia Primada, sobre las físicas losas. Un día escalará con los brazos en cruz el cerro de Monserrate. La gente adora estos gestos penitenciales y venera más y más a su hombre, providencialmente equivocado.

Poco se entiende, sin embargo, que primero monte en cólera porque la Corte Suprema de Justicia haya declarado que en su reelección hubo desviación de poder y que luego pida perdón por iguales manejos burocráticos a los que denunció la Corte y que encajan en lo que él mismo ha denominado el “roscograma”.

Presumo que el país no creyó vivir una situación de cinismo político como la presente, de reformas constitucionales, tantas cuantas se requieran para la coyuntura y en beneficio de lo particular. La reelección de Uribe por un período más o por los que él demande o a perpetuidad será una ley de honores al hombre que ha conocido Colombia como el más capaz de sostenerse abusivamente en el mando.

No se olvide que una Corte lo estima prácticamente ilegítimo y otra no ha querido modificar su fallo de legalidad, pese a nuevas pruebas, porque no acostumbra hacerlo. Con ello no sólo se ha dado el mayor choque de trenes entre las dos altas corporaciones de justicia, sino que se ha sembrado incertidumbre en el universo jurídico de la Nación.

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