COMO NADIE VA DONDE NO LO INVItan, es de suponer que Hugo Chávez ya fue invitado por alguien, de la diplomacia secreta, a la posesión de Juan Manuel Santos como presidente de la República.
Y yo supongo que ese alguien fue el propio Juan Manuel Santos y que tal hecho debe ser de conocimiento del Presidente en ejercicio, el cual arde en ira contenida.
No de otra manera se entiende que el dictador populista de Venezuela haya expresado intenciones de hacerse presente, no sin ciertas reservas. Exige “respeto”, el mismo que él no ofrece. “Ojalá él también pueda asistir”, fueron palabras del presidente electo de Colombia. Si esto dijo, fue porque lo invitó y así se entendió en alguna prensa.
Esta es una primera gran discrepancia y no meramente protocolaria, entre los gobiernos saliente y entrante. Es seguro que Uribe no lo invitó, según se le ha visto abundar en declaraciones contra una diplomacia, según él, “cosmética”, que disfrazaría las instalaciones guerrilleras en el vecino país con palmaditas en la espalda.
Es posible que Santos, por su estilo, por su londinismo clásico, una vez zafado de la cuerda de Uribe, ya no será el ministro aguerrido y frenético que incursiona en territorio extranjero, sino el presidente diplomático, de declaraciones entreveradas, de frases mentirocráticas, en las que decir sí equivale a decir no y cosas por el estilo.
El periplo del presidente electo, recibido con plausible respeto, sobre todo en Francia, donde se le otorgó la condición anticipada de jefe de Estado, le ha servido para desplegar, en un primer asomo, su capacidad de negociador internacional. Es un comienzo afortunado para quien conquistó los votos arrimándose a la dureza de Uribe y exhibe ahora, por derecho herencial, la tonalidad diplomática de Eduardo Santos.
Pero quien invita a casa es quien gobierna hasta el 7 de agosto, y Uribe no va a hacerlo. Fácil es entender el vapulazo que el venezolano le daría al Presidente de Colombia, con asistir jubiloso a su reemplazo. Sin importarle —porque de Chávez se puede esperar cualquier cosa— que Juan Manuel Santos, el sucesor, haya sido su peor enemigo.
¿Estarán Chávez y Maduro en tribuna de honor en la instalación de Santos? No se pierda esta interesante serie. Correa sí, confirmado y Ortega, con su chaqueta de ante, vendrá si el Alba lo ordena.
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Dijo el Alcalde de Bogotá que de las tres llaves de una tal urna centenaria, que se piensa forzar con cerrajero, una se le entregó al cardenal, por allá en 1910 y que todas se perdieron. Con razón se perdió la del eclesiástico, pues no había, para ese entonces, cardenal alguno en Colombia.