EL AUTÓCRATA PRESIDENTE URIBE ha querido conciliar ya varias veces con las Cortes, que primero ha ofendido, desafiado y, como ahora parece revelarse, interceptado ilegalmente, en busca de sus secretos más guardados.
Mal le han salido las cosas. El mandatario es dado a entrar en cólera y caer a poco en arrepentimiento tardío. Con el presidente de la Suprema, César Julio Valencia, con quien se fue a pleito, ha querido arreglar sin éxito. El abogado Ramiro Bejarano, defensor del magistrado, colega periodista, le ha resultado piedra en el zapato al autócrata antioqueño.
Con el presidente Francisco Ricaurte fue hasta el altar, quiero decir hasta el altar de la capilla privada del cardenal don Pedro Rubiano y su rezo de penitente sobre las reumáticas losas poco le valió. Encolerizado de nuevo, el auto del magistrado era detenido y requisado a la entrada de la Escuela de Policía, en un gesto “amable” del Guardia Presidencial.
Ahora, en los días que acaban de pasar, reunió en un solo combo a todas las Cortes, donde tiene amigos y ex funcionarios, como su ex secretario jurídico, el magistrado Mauricio González, quien en la Casa de Nariño no pasaba por visitante foráneo, ni parecía formar parte del grupo de invitados, que enfrentan un poder constitucional, par con el Ejecutivo.
Pero ocurre que se ha estrenado como presidente de la Suprema Corte de Justicia nadie menos que el magistrado Augusto Ibáñez, el más altivo de cuantos han ocupado ese alto escaño de la magistratura.
Uribe lo invitó recién posesionado, tal vez para felicitarlo, pero le cobró en seguida la invitación a través de su vocero de prensa. Que el invitado no le hizo en ese momento social ningún reclamo por las interceptaciones telefónicas. Forma ingenua de manifestar cuál había sido la intención al invitarlo: la de comprometer su silencio.
Ahora Ibáñez, formado en el derecho penal internacional, y uno de los creadores del Tribunal de Roma, que en este tiempo ha cobrado enorme vigencia, encabeza la solicitud de un relator para que la ONU se ocupe de las interferencias que el Ejecutivo le está ocasionando al Poder Judicial.
De mucha gravedad ha resultado el caso del DAS. Y si se comprueba la responsabilidad de funcionarios de la Casa de Nariño (aunque es sospechosa la investigación abierta por el Procurador, muy cercano al poder que controla), estaremos en presencia de un verdadero Watergate criollo, como el que forzó la renuncia del presidente Richard Nixon (Tricky Dick), a poco de haber sido reelegido. Todo por husmear en los secretos mejor guardados de sus opositores y rivales.