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Barack, su humildad

31 de agosto de 2008 - 05:36 p. m.

COMO MUY POBRE EN SU ORIGEN y muy afortunado por haberse podido educar, a pesar de todo, se mostró Barack Obama en su vitoreado discurso de nominación.

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El estadio de Denver rugía a cada frase del joven y algo tímido candidato. El miserabilismo de su presentación recordó al Belisario, que consiguió un aplauso de pié, en Naciones Unidas, mientras narraba sus tristes recuerdos de infancia.

Antes de dar comienzo a su discurso, se pudo apreciar el video de presentación de su vida y logros, con un padre, él sí, inequívocamente negro, al que conoció a los cinco años y a quien era importante mostrar ahora, porque algunos de su raza han acusado al candidato de ser un tanto descolorido. Él es, sin duda, el resultado de las dos razas, pues su madre fue una mujer blanca, a la cual también había que mostrar en imágenes, para no quedarse atrás con esta otra etnia, llamémosla albiazul, mayoritaria en los Estados Unidos de América. El asunto racial, sin embargo, no se mencionó en el discurso.

Estilo pausado, gran improvisación, sin un error de dicción, demasiados desafíos personales a su rival y al propio Bush, del cual dijo que ocho años eran suficientes, haciendo trepidar al auditorio. La disputa venía siendo muy enconada y debido a ello fueron continuas las alusiones personales a McCain. Innecesarias quizá, si mostraba el contraste de los programas: el cambio (el famoso “change” ) y la continuidad. A propósito, el “we can” también es belisarista.

Programa libertario, como el que más, propio de un demócrata, como es propio también de su partido no ser muy generoso en la reducción de impuestos (los republicanos le replicaron, enseguida, que seguiría gravando los ingresos medios).

Continuó impreciso en ciertas materias vidriosas. En temas de aborto, uniones gay e inmigración se movió como gato sobre brasas. No se aventuró en cosa alguna que pudiera ocasionar resistencias. Poco o nada avanzó en estos temas, como en el de la guerra, en que pareció decir que había que buscar a Ben Laden, no tanto en conflictos de naciones, cuanto en las cuevas donde se esconde.

Viste Obama de manera lúgubre. Traje excesivamente oscuro y su familia con el magenta desbordado. Él se ve más joven que su edad y bien podría mostrarse más alegre (y menos humilde). Jovial y bastante mayor, por contraste, el vicepresidente escogido, Joe Biden. Su amplia sonrisa invita al optimismo y levanta el ánimo de su compañero, cerebral y severo.

Como severo ha sido el golpe que propinó McCain, a última hora, al integrar fórmula con una deslumbrante mujer, Sarah Palin, con tantas posibilidades de llegar a la Presidencia cuantas tenga MacCain de abandonarla por edad.

A mí se me figura una de esas lindas maestras de escuelita de Condado. Pero que una gobernadora de Alaska llegue a semejante cúspide de poder deja frío al mundo, como quien dice, en enfriamiento global.

 

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