SE ATRIBUYE AL ANTIGUO EMBAJAdor William Brownfield, en su peculiar lenguaje, introducir uno de sus frecuentes gracejos, diciendo: «Voy a contar un chiste chistoso».
Claro que lo que contó al Departamento de Estado, oído al general Naranjo, no fue ni mucho menos chistoso y tiene enfurecido al ex asesor José Obdulio Gaviria.
Bueno, uno, en estos días del Nacimiento, quisiera estar alegre, pero la situación del país no lo permite. Agua por todas partes, tenebrosos derrumbes que sepultan familias enteras, emblemáticas y formidables canoas de río, que ahora navegan a la altura de los cables de la luz, sobre poblaciones sumergidas.
Sin embargo, rebuscando algo risueño, encontré que mi querida amiga y admirada escritora, María Jimena Duzán, se encomendó encarecidamente a San Pedro labrador, para que dejara ya de enviarnos agua a torrentes. Vaya, vaya, como decía D’Artagnan.
Los generales de ley de San Pedro apóstol son los de pescador y, por cierto, hombre casado (pues en el Evangelio se habla de su suegra), pero de labranza nada. Es una confusión con San Isidro labrador (quite el agua, ponga el sol), patrono de los campesinos, entre los cuales, desde hace una década, me encuentro.
Me reí también, qué le voy a hacer, cuando viendo por la tele el gran concierto colombo-venezolano (Gustavo Dudamel y la coral Santa Cecilia) y estando a punto de ser interpretado el himno de Colombia, por cierto maravillosamente, el pie de pantalla decía: “Música de Oreste Síndici; letra de Rafael Reyes”. Bueno, mi general Reyes, dictador de este país, ya lo imagino escribiendo aquello de “La virgen sus cabellos arranca en agonía…”, inspiración que sí fue de otro presidente de nombre Rafael, pero Rafael Núñez.
Otro embajador gracioso fue Myles Frechette, quien sacó a relucir la frase que en su tiempo le transmitieron, vía chisme palaciego, original del presidente Samper; “Mámenle gallo al gringo”. Verosímil.
“No me arrepiento de lo que he dicho ni de lo que diré” es frase chistosa de Pachito Santos, ex vicepresidente de la República.
“Yo vine porque quise, a mí no me pagaron”, quedó consagrada para todo el año y los venideros esta cantilena mockusiana, de ingenuidad supina.
Pero difícil superar lo de “mi nuevo mejor amigo”, la construcción castellana doblemente adjetivada del presidente Santos. Posiblemente quiso decir: mi nuevo amigo o, acaso: este señor, quién lo creyera, es ahora mi mejor amigo. Ofuscado y acelerado en la dicción, espetó aquello de “mi nuevo-mejor amigo”, frase entre chistosa y dramática que lo acompañará a lo largo de su gestión. Como la de “No habrá más impuestos”, dicha en el fragor de la campaña. Estos recuerdos pintorescos sean pretexto para desearles, en lo posible, unos tranquilos días de final de año y un austero año nuevo.