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Desaire a Santos

10 de agosto de 2014 - 09:00 p. m.

Tanto rendirle pleitesía al presidente Nicolás Maduro, para que éste desistiera finalmente de asistir a la segunda posesión de Santos. Ni él ni delegado alguno, porque no oí que lo mencionaran en la interminable lista de saludos protocolarios.

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“Así paga el diablo a quien bien le sirve”, dirían las señoras o quizás la misma doña Mechas, invitada de honor a la instalación de quien ella eligió en vez de Zurriaga. Asistió de azul, con diseño de Villavo, ni que supiera que el presidente del Congreso iba a nombrar siete veces a Laureano Gómez. Todos se querían retratar con ella, gran electora de Santos. El saludo protocolar o besamanos fue un desastre, desordenado, llegando cada invitado a medida que pudo, luego de atravesar la gélida plaza de armas.

No vi a Petro, ni a Hollman; me dicen que Iván Cepeda sí estaba y la directora del Polo. Las noticias, siempre complacientes, no ahondaron en la extraña inasistencia de Maduro. Se excusó el grupo de Unasur que le es más adicto, cuyo secretario general se desperezaba en una silleta. Correa, más puntual, se hizo presente y debió sorprenderse de la ausencia a última hora del jefe de Estado bolivariano.

Vaya gente envejecida. Unos enfermos, que quedarán peor después de las largas horas de frío y ventisca (Malú, en Caracol, hablaba de la Plaza de Núñez, cuando lo que hay allí son escalinatas). Belisario con bufanda; el presidente de la Comisión Segunda muy delgado, buena gente que es; Luis Fernando Santos no sé cómo lo vi. El hermano mayor del mandatario, con sus años y su autoridad latente, que tiene a Juan Manuel donde está. Fernando Cepeda, el exministro y diserto analista, lidiando con sus ojos y la pantalla de su móvil, de difícil vista a la luz del día.

Las discretas hija y primera dama en límpidos trajes blancos. María Antonia se reía en los honores militares en los que más le hubiera lucido tener un porte como de Antonia Santos.

Todos, todos con gesto de sol o de lluvia amenazante; el monarca español, muy querido en Colombia, hizo el heroico ademán de ponerse de pie, al ser mencionado. Tal vez su presencia y el recuerdo de aquel “¿por qué no te callas?” hicieron que Maduro desempacara la maleta.

El discurso del senador Name me pareció bueno, si bien la conciliación que trajo a cuento entre Lleras y Laureano no se parece a la de Santos con la guerrilla. En el caso del Frente Nacional se trató de dos varones discrepantes en política, pero ajustados a la ley. Y en cuanto al discurso de Santos, bueno, vocalizado, aplaudido y enérgico, sobre todo por el “¡Quedan advertidos!”. Sin embargo prometió una Colombia en paz, equitativa y bien educada para el 2025. Son sólo dos reelecciones más.

Queda por mencionar Valeriano Lanchas, robusto como suelen ser los operáticos y cuya estremecedora voz hizo vibrar los edificios institucionales y ennoblecer los acordes de Síndici.

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