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El ‘cumulus nimbus’ de las encuestas

07 de junio de 2009 - 10:18 p. m.

Y ENTRAMOS EN LA TURBULENCIA de las encuestas presidenciales.

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En lo que, en términos de aviación, se denomina ‘cumulus nimbus’ y es de sumo peligro para las naves que se dejan absorber por uno de ellos: relámpagos, masas de aire encontradas, cortinas de granizo, magnetismo.

Difícil, si no imposible, salir de esta nubosidad. No vale que alguien quiera manejar su propia nave, a su propio estilo, que pretenda ofrecer su nombre a la consideración pública. La extraña fuerza de las encuestas lo domina y lo abate: si ellas no lo registran y si no le dan un alto porcentaje, no existe.

Y ante todo ha de ser conocido. Y bien conocido. De no serlo, hay maneras, incluso estrafalarias, de darse a conocer. Cierta dosis de escándalo ayuda. No se diga la televisión, mucho más que la prensa escrita. No puede uno llamarse Marulanda, lo que le sucede a nuestro amigo Iván, porque la mayoría intonsa lo va a confundir con el jefe, ya muerto, de la guerrilla.

Ahora, el dueño por años de la sucesión presidencial, el diario El Tiempo de Bogotá, ha contratado a su firma de sondeos y se ha asociado —aún más, si cabe— con la W matinal, de amplio espectro radial, para entregar cada semana el estado de cosas, que incluye a los aspirantes más sólidos, medidos y porcentuados, a los minimizados, incluso a los precandidatos bajo cero. Este manejo, por lo demás divertido, predetermina el proceso sucesoral.

El primero de estos reportes no dejó muy bien parado al imbatible Álvaro Uribe Vélez, rey de reyes de la opinión pública. Cincuenta por ciento es cifra riesgosa para quien acostumbra estar más arriba. Pone en peligro el triunfo en una primera vuelta y en una segunda puede salir arrollado por algún sindicato.

Sigue sorprendiendo el avance de Sergio Fajardo, quien navega sin luces ni mascarones de proa. A remo y vela. Ya es propio de América: Fujimori, por ejemplo, salió de la nada; con Uribe Vélez no se contaba electoralmente en 2002; Obama aparecía imposible, afroamericano, inexperto y joven.

Lo siento por Vargas Lleras, su indefinición, ya subsanada, casi lo fulmina; Fajardo, hay que abonárselo, irrumpió arrogante: “El próximo año seré presidente de Colombia” (“I’m Jimmy Carter and I’m going to be your next president”). No va este escrito por Fajardo, porque yo mismo no sé bien de quién se trata, toda vez que no viví en mi ciudad, cuando él fue alcalde exitoso. Sólo sé que no es uribista ni antiuribista. Lo demás se lo he entendido menos.

Lo siento por todos los que perecerán en este cúmulo turbulento y sin salida de los sondeos, peligrosa nube que manejan a su antojo quienes son ahora dueños y señores de la opinión.

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