Y LUEGO FUE OTRO VERBO. EL REFErendo se firmó por cuatro millones de ciudadanos con el texto: “quien haya ejercido etc.” y ahora se modifica, a iniciativa de uno de los predilectos del kinder de Uribe, por: “quien haya sido elegido”.
Y si ese tal (aunque se sabe que es Uribe) ha sido elegido dos veces, bien podría ser elegido una tercera. Tal sería el alcance de la norma para facilitarle las cosas a quien no habría ejercido por completo los dos períodos, a la hora de ser nuevamente elegido.
Es una Constitución para Uribe, como un decreto de honores, aparte de ser una tergiversación del texto que se sometió, sin respetarse el tope de dineros, a la firma de desprevenidos transeúntes.
La variación de la proposición original y su condicionamiento era fácil de hacer y ya Lorenzo (excusen la cita) había expresado en febrero de este mismo año algo parecido: “Hay diferencia, sin duda, entre haber ejercido por dos períodos y haber sido elegido para dos períodos, como ha debido redactarse”.
El senador Benedetti, émulo de Uribito en las predilecciones del Príncipe, lidera en el Congreso la reforma del texto y ha conseguido que toda la coalición se pliegue a este estropicio, como bien podría llamarlo Serpa.
Sorprende que Vargas Lleras y Santos Calderón – Juan Manuel – aplacen sus aspiraciones, de manera tan sumisa y obsecuente. Dentro de seis años habrán embolatado ya la juventud y otro presidenciable habrá surgido para suceder a un fatigado Uribe Vélez, de cabellera blanca, erigido en bronce en Rionegro y Frontino (reto escultórico será esculpirlo con gafas al aire y sombrerito aguadeño).
La triquiñuela de esta segunda reelección va a ser la modificación del texto que se propuso ad referendum. Con razón el ex canciller Consalvi, de Venezuela, dice que en estos tiempos a nadie parece importarle la violación de la Constitución. Y lo que se dice de Venezuela tiene sentido aquí, pues aceptar que se modifique un texto aprobado y profusamente firmado es falsear la Carta democrática.
Me temo que esto va a tener dificultades dentro del propio uribismo y podría surtirse la reelección a partir de un Acto Legislativo, tramitado en dos legislaturas. Tal vez haya tiempo para ello, contando con la respectiva revisión por la Corte Constitucional, cuidadosamente seleccionada para tal fin. Se ve venir de todos modos la reforma del “articulito”, como dijera en su intonsa labia un antiguo asesor presidencial.
La segunda imposición de Uribe en el mando supremo y la suma de tres períodos implicaría lo que López Michelsen llamaba y no podía casi pronunciar: La desinstitucionalización del país.