ES LO QUE HA HECHO EL LÍDER LEOpoldo López en la hermana república. Soy de los que piensan que fue un error de consecuencias impredecibles. Si se sabe que los poderes están comprometidos y que equivale a entregarse a Maduro y a Diosdado y a sus caprichosas decisiones, por qué ofrendarse, tan a sabiendas, en el altar de la patria.
Hay en el fondo un reconocimiento a la legitimidad, que ha sido la línea adoptada por Henrique Capriles, en aras de la estabilidad del país. Entregarse a la justicia hubiera sido otra cosa, donde hubiera fórmulas de juicio, debidos procesos, instancias, pero sobre todo donde existiera ante quién quejarse, en lo interno. Pero darse de pies y manos (curiosamente, liderando la multitud del brazo de su carcelero) al capricho de enemigos poderosos y cobardes equivale a autoflagelarse.
Tal vez si estos hechos de hoy no se los lleva el viento y el pueblo sigue en pie, el espectáculo de tanquetas y milicianos llevando consigo al líder, inerme y altivo, sirva a la causa de la liberación de Venezuela. En el escenario mundial, al menos, quedó muy claro que el aparato oficial represivo se desbocó en contra de los “indignados”.
Tiempo es de bárbaras naciones. Me viene a la memoria lo que el propio Luis Carlos Galán, recién cumplidos sus cuarenta años, le comentaba a Lorenzo. Reposando, tras una fatigosa escalera, le dijo: “Lo que en adelante vamos a vivir es como una nueva independencia”, dando a entender que habría mártires, y él fue uno.
Leopoldo López, en pleno vigor físico, con esposa amorosa e hijos pequeños, se jugó al azar por la patria. Mucho tiempo hacía que no veíamos, salvo en cine, un episodio parecido en una dictadura parecida. Todas las dictaduras se parecen, sean de derecha o de izquierda. El poder absoluto y la cerviz oblicua de la gente. La rebelión, cuando estalla, emite luces de esperanza, pero, cegada por el tumulto, desemboca en violencia.
Fue Carlos Andrés Pérez quien dijo que a Chávez sólo podrían removerlo por la fuerza. No dijo que ello fuera lo ideal, pues era civilista, pero es lo que empieza a verse irremediablemente. No hay en las manifestaciones de estudiantes intención ni capacidad golpista. “Los golpes no los dan los civiles”, acaba de decirlo Capriles. La presión de las calles desgasta al régimen, sobre todo si éste utiliza la represión oficial sin medida ni escrúpulos.
SOS por Venezuela, así Maduro no atine a entender este grito de alta mar que se transmitía telegráficamente desde barcos en emergencia. La tenue voz del presidente Santos y la voz de té canasta de su Cancillería enardecieron al energúmeno mandatario venezolano. ¿Qué tal que la declaración colombiana hubiera sido en el tono que merecían los atropellos a la democracia en el vecino país?