El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Era el año 46

17 de septiembre de 2018 - 12:00 a. m.

Un hombre antioqueño, de tez curtida y cabello color plata a lado y lado, equitativamente repartido en sendos ramilletes. Para decirlo sin poesía, peinado por la mitad. Lo llamaban “el zorro plateado”.

PUBLICIDAD

El hombre no era propiamente un político, más bien era cafetero y financista aunque había sido ministro de Abadía (años 20). De alta alcurnia, este señor Ospina era sobrino y nieto de presidentes y se le vio como una carta nueva en la baraja política.

El juego entonces era reemplazar a un presidente liberal por uno conservador y dar por terminada la llamada hegemonía de 16 años de aquel partido. La Convención opositora vio llegada la hora y pensó en candidatura, habida cuenta de que en el poder del que sería el último gobierno liberal, se hallaba un personaje ecuánime que daba garantías de neutralidad electoral.

La oposición eligió, como era de cortesía, a su grande y epónimo jefe como aspirante a la Presidencia de la República. Éste, un curtido luchador, entendió que su posibilidad era nula, pese a la favorable división de sus adversarios, continuistas del régimen.

Laureano señaló, entonces, con dedo omnipotente, al antioqueño de marras, don Mariano Ospina Pérez, de sencillez raizal y de hablar paisa, que no lo abandonó durante su vida. Su cabello era casi blanco cuando ascendió al poder. “El que dijo Laureano” comenzó a gobernar discretamente, formó un gabinete de equidad que no satisfizo ni a los de su partido ni a sus adversarios. La revista “Semana”, el primer día de su publicación, abrió con la caricatura del antioqueño, en dibujo de Jorge Franklin, con un pie de grabado muy diciente: “El presidente, distribución equitativa del descontento” (“Semana” No. 1, octubre 28 de 1946 ).

No dejo de ver semejanza con el acontecer de hoy. Duque, “el que dijo Uribe” (omnipotente señor de la política y quien tampoco podía ser candidato, en este caso por Constitución), cumple funciones moderadas, que comienzan a displacer a sus coequiperos, mientras él trata de apaciguar los ánimos entre contendientes, ayudado por su bonhomía y hasta por su cabello blanco prematuro, como el de Ospina en el 46, (aunque éste frisaba en los 55).

Que no ocurra el quiebre de la coalición de gobierno, como sucedió con los acontecimientos pavorosos del 9 de abril de 1948, cuando Laureano, el epónimo, quiso imponer líneas de mando que el moderado no acató, desplegando, de todos modos, el inusitado valor que se le reconoció a Ospina en esa fecha nefasta.

***

Inclino la cabeza ante la muerte de la entrañable Nijole Sivickas, ceramista notable; son suyas las vinajeritas portátiles que usó mi fallecido hermano sacerdote. En su casa de Quinta Paredes estuve con él recogiendo el encargo, hace muchos años, y me pareció ver por ahí a un chico rubio, zumbón. A Dios.

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias