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Este lote no se vende

10 de octubre de 2010 - 09:55 p. m.

NO SE VENDEN LAS IDEAS NI LAS DEfiniciones personales en materia política.

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No se permutan, no se ceden, no se hipotecan, como se lee en esos raros avisos que salpican la sabana de Bogotá. Ni, sabiendo quién es Sergio Fajardo, puede alguien imaginar que haya incurrido en confusión parecida. Pero un documento, que dicen le firmó a la campaña de Mockus, sembró dudas en el Consejo Electoral, aún sin pronunciarse en definitiva.

No se entiende que se haya dejado por escrito y como obligación contractual la de servir en calidad de candidato a la Vicepresidencia de la República. Y esto a cambio de determinada suma de dinero.  Este supuesto costo se quiso acreditar ante el Consejo Electoral para la respectiva reposición y fue negado.

Recuerdo cuando Mockus, el ingenuo candidato, decía de sí mismo ser el jefe del departamento de autogoles de su campaña. Autogoles que se siguen produciendo, inspirados en la misma ingenuidad y novatada de los purísimos verdes, verdes como las uvas verdes.

A simple vista y por encima de cualquier cosa que se infiera del tenor literal del contrato, esto más parece el necesario cuadre de cuentas de dos campañas que se fusionan. Si Fajardo va a cesar en su proselitismo y trae algunos gastos, que viene cubriendo, es natural que la campaña más fuerte asuma los costos, y ayude a financiar al adherente.

Es posible que por suspicacia de quienes lo reciben y para que el candidato que llega no arrastre con el santo y la limosna, a algún desatinado se le haya ocurrido que dejara firmado, como un vale de tienda, la constancia de que no se retiraría de su posición de candidato a la Vicepresidencia.

Más que una obligación de hacer (la de postularse como candidato ) se trataría de una obligación de no hacer o de omisión (la de no retirarse). Por supuesto que la fuerza mayor del accidente de la bicicleta dio al traste con la candidatura (y con el traste del candidato), y yo diría que con la elección misma de Mockus, de cuya permanente dubitación nos salvamos.

Yo recuerdo que en los noventa hubo campañas de candidatos de menor peso, que al adherir en segunda vuelta o aun en primera a una campaña mayor, juntaron contabilidades e hicieron ajustes recíprocos.

Sigo asombrado de la tendencia a satanizar a ciertas personalidades de mérito, lo que se ha vuelto frecuente en un país en que la inmoralidad es asunto común y hay quienes quieren enlodar a todo el mundo. No soy amigo de Fajardo, no lo conozco, no voté por él, ni por el buenazo de Mockus, pero sigo creyendo en hombres como ellos, siempre y cuando pongan los pies sobre la tierra y se desenvuelvan con solvencia en el mundo de la política, del cual nadie puede prescindir.

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