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Hipocresía financiera

21 de noviembre de 2007 - 11:06 a. m.

La noble figura de don Juan Carlos, rey de España, se vio abocada a una situación impensable en la cumbre iberoamericana de Santiago, muy a pesar de los tibios esfuerzos de la señora Bachelet por atemperar los ánimos, tanto del rey como de los agresores.

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Este rey en particular es personaje de simpatías mundiales. El origen de su monarquía es antiquísimo y se enmarca en una tradición europea, bastante ajena a lo americano. Sin llegar al teocratismo, aquello de los Austrias y los gálicos Borbones es toda una historia de hondo calado. Tanto que, sometida a votación, la monarquía española fue restaurada. Para nosotros los reyes aún tienen sabor a dominadores de colonias, en proceso de emancipación. Pero va mucho de un Fernando VII a un Juan Carlos de Borbón, amigo de América, hace tiempo emancipada, autónoma y democrática.

Que Francisco Franco haya intervenido y determinado la línea sucesoral de Alfonso XIII se puede decir que, a la postre, resultó afortunado. Su pupilo fue el factor más importante en la transición de la dictadura del Generalísimo a la democracia. La nueva Constitución y las presidencias de gobierno fueron haciéndose al paso y cada vez más democráticas, hasta llegar a lo que era poco previsible: el socialismo en el poder, con don Felipe González, reelegido, mas no indefinidamente, cuyo partido nuevamente gobierna.

Las frases insolentes del gobernante de Venezuela y las de su homólogo de Nicaragua, toleradas en intervención fuera de turno por la presidencia del foro, hicieron que hirviera la sangre del monarca, que, por su rango, permanecía coagulada, como la de San Genaro, patrón de Nápoles. Y el milagro de reverberación es anual, como los foros.

Si el monarca mandó callar al cuasidictador venezolano fue porque éste interrumpía y montaba la palabra, enfrentado al presidente español, quien, asaz tímido, apenas si se defendía, en la línea clásica del diplomático culto. El rey mostró mejor al peninsular franco, vocalizador y directo. Sin que deje de advertirse el tuteo: "¿por qué no te callas?, como quien se allana a la camaradería venezolana.

Era lo más fácil para salir de un asunto enojoso para cualquiera -ser increpado por un rey- acudir a historias teocráticas o remontarse a la época de la independencia americana. El monarca actual es, sin que nadie lo dude, un hombre moderno, querido no sólo por las naciones de habla hispana y símbolo respetado de una Nación que hoy se rige, en lo gubernativo y político, por democracia directa y de representación, más confiable en todo caso que las dictaduras de origen popular, que asumen todos los controles de un Estado y aspiran a perpetuarse.

 

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