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Hombres rudos en el poder

27 de agosto de 2018 - 12:00 a. m.

Venezuela, Nicaragua y los propios Estados Unidos están dando muestras de que han llegado al poder hombres a quienes la cultura humanística no llamó a sus puertas. La democracia los ha puesto allí, o tal vez la guerra, o quizás el populismo o aún las trampas electorales.

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No que deban ser intelectuales o sabios por formación y conocimientos quienes llegan a dirigir a los pueblos. Es claro que hay otros grados en el saber humano, como la inteligencia intuitiva, el don de mando o la prudencia nata. Un ejemplo lo dio Sancho Panza en Barataria, de quien no se esperaba tanta sensatez, con lo cual ilustró Cervantes las sorpresas que ofrece el talento humano. Y pasando de la novela a la vida real, Wojtyla, el pragmático, fue mejor papa que el ilustrado Ratzinger.

Sin mucha filosofía, estamos viendo cómo Trump en Norteamérica se encamina a un juicio político que podría dar al traste con su poder y cómo los dictadores Maduro y Ortega podrían colocarse en situaciones insostenibles. Sólo que antes correría más sangre en estos pueblos tropicales y elecciones con triunfo demócrata deberían anteceder a la sustitución de Donald Trump por Mike Pence en los Estados Unidos, por cierto, un personaje muy caracterizado para ese cargo.

Colombia, de todo el mundo el único país de nuestro real interés, está bien librada con sus presidentes, con el actual, por ejemplo: se ve en él a un hombre moderado, de buena índole y conocimientos, quien está logrando una relativa aceptación, pese a venir de una posición extrema dentro de la polarización del país. Lejos estamos de las represiones armadas de los países socialistas de nuestro entorno. Livianos escándalos tampoco lo asaltan. La transición de gobierno no dejó qué desear, en medio de la violencia en que devino la paz de enormes concesiones que impuso el anterior mandato, contra la voluntad expresa de la Nación.

Pero democracia es y la batahola comienza, en tono aún menor, y en primer lugar contra el ministro Carrasquilla por su antipático anuncio de gravar las compras de la canasta familiar. Entiendo que vuelve la plataforma del Desarrollismo, que el país no le aceptó al candidato Álvaro Gómez en los años 70. Esperamos que la economía Naranja no derive en eso: mucho fortalecimiento de la industria y de todos los emprendimientos, que favorezcan primero a los ricos para que de la soñada abundancia recojan algo los pobres.

La equidad, de la que también habla el mandatario, debe privilegiarse contra las injusticias sociales, los bajos salarios, la mala seguridad social, así nos quebremos, antes de que lo haga el socialismo, que llegará con sus desabastecimientos y represiones políticas. Y claro, que prime la justicia por la justicia, no por la conveniencia política y sí por la libertad, que es el primer alimento de un pueblo, así otros digan que son el arroz, las papas y la carne.

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