El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

La Casa del Profesor

25 de abril de 2010 - 10:11 p. m.

— Sigan.

PUBLICIDAD

— Doña Nijole, hay que hacerles requisa.

— Deje, sigan adentro, está bañándose. Es lejos, hay que subir por el coso ese, vengan. Adriana y las niñas salieron a comprar ropa; me toca a mí, sigan.

— Señora Nijole, espere, va alguien armado.

— Entregue la escopeta o lo que sea o si no Antanas se la decomisa arriba, pero siga. Está bañándose, es muy demorado, pero por lo menos cierra el agua mientras se unta el jabón.

— Qué pena, masculla una voz femenina.

— ¡Antanas!

El ascensor, tripulado por un mimo obsecuente, los ha desembarcado en la Casa Privada. No pasan más allá de un recibo alfombrado e impersonal, flanqueado por dos espejos franceses y sendas mesas regencia, con tarjetero y flores frescas. —Pongan ahí las gorras y el sombrero. Roy Barreras es el de la gorra, pues se ha ido un poco informal, trajeado de sábado y acostumbrado como él está a la Casa de Nariño, aunque extraña los nuevos huéspedes.

— ¡Niño!, mire para allá, en esa coca de cerámica hay dulces, ¡Antanaas!

— Ya voy, mami, ¿quién es?, — Son cuatro, creo, ¿son cuatro?, salga, le va a gustar, hay una señora despampanante, susurra doña Nijole.

— Chiit, mami, está anunciada la doctora Dilian Francisca.

— Eso, eso. Y un chico ojiazul, le ofrecí chocolates, —está bien, mami, pero ese que usted llama chico ya fue candidato a la Presidencia, es Uribito.

— Y un señor como jibado y de poquito pelo, que se lo pasa de un lado al otro; le entendí que se llama algo así como Obtulio.

— Obdulio, mami.

— Mis interiores.

— ¡Rápido, mijo!

El ambiente de confianza que inspira la dueña de casa, a la que miran con respeto y desconcierto los edecanes y la servidumbre, ha animado el salón privado, con voces graves y agudas. Sale Antanas.

— ¿Cómo están?, ¿los han atendido?, ¿qué les puedo ofrecer?

No ad for you

— Usted dirá, señor presidente, usted dirá, dice, acompañado de una sonora carcajada, el senador Barreras.

— No, no, queremos saber cuál es la disposición oficial para un fructuoso entendimiento partidista, anota con algo de solemnidad Dilian Francisca y regala una bella sonrisa. Ella luce un gran lazo a la cintura, en seda italiana, que resalta su talle, al mismo tiempo ceñido y desenvuelto.

No ad for you

— Bueno, yo los dejo, voy a ver el almuerzo. — Están como en su casa. Pero doña Nijole se devuelve para agregar: — esta tampoco es mi casa. No gusta.

El presidente entra en conversación y deja atónitos a los visitantes, con los ojos pegados al gesto de sus manos, que quisieran explicar los conceptos de su dueño. —Como dijo Schopenhauer, anota José Obdulio y el presidente corrobora: — precisamente, a eso me refiero.

No ad for you

Entra un ujier, —perdón, señor presidente, lo espera en el Salón Amarillo la delegación lituana, ¿en qué tiempo?, —Ya, ya, bajo enseguida. —Ustedes me excusan, seguiremos hablando, porque el diálogo es muy importante y todos tenemos remedio. ¡Mami!, ¡se van!

Conoce más
Ver todas las noticias