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‘La Negra’ al Nobel

11 de enero de 2009 - 06:36 p. m.

LA NEGRA PIEDAD CÓRDOBA,  LLAmada así por queridura y por destacar su orgulloso tinte mulato, que es el mismo de su amadísimo Hugo Chávez, presidente dictador de Venezuela, y el de nadie menos que el presidente de los Estados Unidos de América, un hombre que será memorable, Barack Hussein Obama.

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La Negra ha sido postulada al Premio Nobel de Paz por Adolfo Pérez Esquivel (blanco vaso-de-leche, hace algún tiempo de sandalias y mochila, tipo Alfredo Molano y, como él, de fresca izquierda). Piedad, en alianza con Hugo Chávez, ha apoyado algunas liberaciones unilaterales que de sus víctimas viene haciendo la guerrilla colombiana, en lo que llama un “esfuerzo” de tipo humanitario.

La Senadora figura una y mil veces en este tema de las liberaciones. Los familiares de las víctimas le agradecen por ser la única que se ocupa de ellos; allí está, con vistosos trajes, en los primeros abrazos a los rescatados; ella, al lado del venezolano Rodríguez Chacín, cofrade de quienes devuelven todavía con vida a las víctimas del horror guerrillero.

Hace muy buen papel la senadora Córdoba, es simpática y de buen ver y de contornos más que generosos. Su proximidad, sin embargo, al Palacio de Miraflores puede ser precisamente su pierde para lo relativo al Nobel. El dictador-presidente de Venezuela ha reiterado que simpatiza con la guerrilla colombiana, que la considera inspiradora de su movimiento bolivariano y le concede, por supuesto, el estatus político.

Si, pues, la guerrilla de Colombia tiene, por otra parte, “estatus” (!) de terrorista, le quedará difícil a la Academia sueca considerar el premio de la paz a la más confiable amiga del dictador Chávez.

La izquierda, tipo Esquivel, estará dichosa con la postulación de Córdoba al Nobel, al tiempo que denigró de Íngrid Betancourt por haber sonado igualmente para esa distinción. Íngrid pasó seis años de infame cautiverio y la encontró la libertad plena de facultades y equilibrio emocional, amén de conciliadora (sin el síndrome de Estocolmo y por ahora sin el galardón de Estocolmo). Esta sí que ha sido una enseñanza de paz para el universo mundo, como dijera el de Recalde ( * ).

Pero no. Pese a que la liberada Íngrid fue lanzada a este honor por la presidenta Bachelet de Chile, un entusiasta comité francés la puso en ridículo con la anticipación del premio. Esquivel posiblemente considera que los méritos de la candidata no son suficientes (queda dicho, como los suyos), ya que el argentino de sandalias fue también merecedor del mismo galardón.

A Íngrid no la quieren porque salió de la selva apoyando a Uribe. Pero bueno, si se piensa conciliar hay que ir a los extremos: Uribe-Montañas de Colombia. Tampoco la quieren porque su familia es aristocrática y se la vio por el Elíseo con un frívolo traje pret-à-porter, como la dibujó el caricaturista Betto, insignia de este periódico. Disculpen, cualquier día sigo.

(* ) Íñigo López de Recalde.

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