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Lourdes y patrimonio

03 de febrero de 2014 - 01:39 a. m.

Sigue adelante la restauración de la iglesia de Lourdes. Diría que muy bien. No conozco al párroco ni a los ingenieros ni interés alguno me asiste al hacer estos comentarios, sólo el de feligrés y ya ni siquiera vecino de la localidad de Chapinero.

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Paso por ahí. A veces me encuentro con un indigente de quien me hice amigo el día en que me devolvió siete mil pesos de un billete que le obsequié para un almuerzo. Esto lo comenté en su momento. Ahora le pedí ingenuamente el favor de cuidar la piedra del templo que está a la altura humana y que se ha podido limpiar milagrosamente.

A propósito, esa piedra de la fachada sólo va hasta cierta altura; de ahí en adelante fue imitada en mampostería, que es la que está siendo repintada, como es lo propio. Al Instituto de Patrimonio y Cultura le han ido con la queja de que están echándole vinilo a la piedra. No es cierto. Hasta una cierta altura es material genuino, de ese punto hacia arriba se trataba de un color imitativo y de lajas aparentes, que, pienso, era obligado restaurar. Ignoro si irán a repintarlas en apariencia de losas de piedra, como se hizo en un principio, con una cierta destreza. Son de admirar, valga un ejemplo, las columnas de mármol pintado del templo de las Nieves, en la calle 20, las que, para un observador sencillo, no engañan pero sorprenden, así ofusquen a los puristas del material.

Nos admira ver a Lourdes limpio, cremoso de tinte, en el esplendor de sus detalles de bajo relieve y arabescos. El color anterior, que más que color era mugre, lo irá cogiendo poco a poco. En dos o tres años la polución, las palomas y la oxidación le irán dando la que se ha conocido como pátina del tiempo. Recuerdo las discusiones que se tuvieron con la catedral de Notre Dame, en París, si se la dejaba con la mugre exterior o se la despercudía, de modo que pareciera nueva. Hay que aceptar que los resquicios y entresijos oscuros resaltan las formas y las dibujan, quedando de mejor ver que si estuvieran limpias.

Así va la obra de restauración. Desconozco pormenores financieros y el uso de los tres mil y pico millones que están siendo invertidos, que creo se quedarán cortos. El comentario viene a que la labor volvió a ser interrumpida por el Distrito debido a las quejas de algunos ciudadanos acerca del color exterior.

No sé si el instituto mencionado, que vigila Lourdes, se habrá dado cuenta del deterioro patrimonial y cultural que la Alcaldía toleró en la Plaza de Bolívar, en apoyo inusitado y bajo carpas al alcalde rebelde. O si habrá reparado en el recorrido de suciedad y manchas grotescas que abarca Bogotá, a todo lo largo.

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Las iglesias colombianas, que levantó la fe de otros años, son hermosas con algunas excepciones. Soacha es una.

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