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No se toma la sopa

14 de septiembre de 2008 - 06:10 p. m.

FALTA AHORA QUE LA APARENTE generosidad con la que el presidente Uribe renuncia al referendo orquestado para su segunda reelección no pase de ser un berrinche de niño chiquito, para exigir el plato completo de reformas y referendo, al tiempo. Si no es así, no se toma la sopa.

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Parlamentarios proclives a no contrariarlo le harán saber esta semana que ambas cosas pueden ser tramitadas, sin que se estorben y todos tan contentos. El país podrá quedar reformado política y judicialmente al acomodo de Uribe y el referendo dispuesto a prorrogar en forma consecutiva su mandato, porque él, y sólo él, trabajará por este país hasta el final de sus días.

En tal hiperactividad se halla el presidente, que ya debate tesis jurisprudenciales, como primíparo sin capucha. Se percibe, de una, que no es su tema, pero poco falta para que el Ejecutivo, además de decretos, produzca salvamentos de voto.

En lo relativo a la favorabilidad penal, por ejemplo, piensa el jurista finquero que el derecho positivo puede decir cuándo se aplica y cuándo no. El asunto, sin embargo, más parece ser de hermenéutica jurídica, esto es, de interpretación y bien puede aplicarse la ley más favorable, por el solo hecho de serlo, a sus amigos políticos encausados con anterioridad.

Pero vuelvo a la rara determinación de renunciar al tercer mandato, con la sola exigencia de que se le reserve espacio para después de una regencia temporal (¿Noemí, Marta Lucía, Óscar Iván? ).

Los presidentes amenazan con renunciar para sacudir la fidelidad de sus escuderos. Cómo va a ser, Presidente, espere y verá le arreglamos esto. No faltaba más, hombre Presidente, que se nos disguste, con tantos problemas como tiene encima, que ya le han hecho brillar con hilos de plata su juventud, al igual que en el bolero de antaño.

El presidente Lleras Restrepo y no quiero disgustar a mi amigo el doctor C. Ll. de la F acostumbraba esta práctica para que le fueran aprobadas sus reformas. Si esto no pasa, yo me voy. Pero cómo va a ser, mi doctor Lleras, qué haremos sin usted, que es el más grande de Colombia. Y sin ironías ni juegos con su estatura física, a fe que lo era, el más grande, en su momento.

Y pasó Lleras todopoderoso, como pasarán el omnipresente Uribe y Chávez, el grosero, y McCain, el héroe, con Palin, la loca. Polvo de Pericles, polvo de Codro, polvo de Simón, exclamaba lloroso el bardo de mis preferencias.

* * *

Berrinches y llantos de niño pequeño quedarán retumbando a la medianoche en los rincones de la encantada Casa de Nari, a una con tétricos gemidos en los socavones del sótano. La Candelaria y sus espantos.

 

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