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Perseguidos los unos; amnistiados los otros

20 de julio de 2014 - 10:00 p. m.

Es fácil estar de acuerdo en generalidades sobre la paz, así como sobre la justicia o la reparación a las víctimas, siempre que no se diga cuándo ni cómo, si a víctimas de la derecha o de la izquierda.

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A mí me deja cavilando que la mayoría de inculpados comunes seguirán purgando en las cárceles y los más crueles, por ser políticos, podrán negociar su libertad, con derecho a dirigir el país. No es que pida cárcel para éstos: por mí que todos, pero todos, queden libres.

La Cancillería se muestra especialmente solícita en pedir capturas y deportaciones de exfuncionarios de Uribe, habiendo sido remisa y tímida en otros temas, por ejemplo, ante el expolio del mar territorial colombiano. Lo que contrasta con el coraje para perseguir vencidos o cuasi vencidos en procesos internos, que han puesto, con alguna razón, los pies en polvorosa.

El asilo, lo repito muchas veces, es una garantía jurídica, respaldada por tratados y protocolos multilaterales y felicito la escapatoria de quien sale bien librado de esta maraña de buitres políticos, que no disimulan las intenciones con las que utilizan los instrumentos de la justicia.

No me interesa, no conozco a ningún antiguo funcionario de Uribe, (bueno, sí, al presidente Santos) y veo con extrañeza el furor persecutorio contra personajes de aquel entorno, sentenciados a desproporcionados años de prisión, al modo de la Venezuela de Maduro. Es el santismo, de apariencia bonachona, pero de áspid venenoso, tal cual ha sido desde los remotos tiempos del doctor Eduardo Santos, “el Tío”. Tan bueno que era.

La oficina de Interpol de París (Francia, cuna de libertades) le negó de frente a la Cancillería de San Carlos, ya por segunda vez, la inclusión de la señora Hurtado en la circular de capturables por el mundo, dándole a su enjuiciamiento un carácter político. Esto no quiere decir que no haya delito, pero la normatividad internacional pactada les asigna esta calificación, de si se trata o no de delito político, a los países asilantes y por extensión, se entiende, a la policía internacional.

Un aviso judicial a todo color. En la primera página del diario oficialista leo un aviso de más de pulgada, iluminado en azul evanescente, como si se tratara de una oferta de paños de Estrada o de carritos de colección. Un aviso que invita a la lectura de la sentencia contra Andrés Felipe Arias, exministro de Uribe, excompañero de gabinete de Santos, lectura televisada en canal propio del medio. Cualquier otro aviso judicial sería apenas legible, para el requisito legal; éste que emana de la justicia mediática, es asaz vengativo, como empieza a mostrarse el segundo gobierno de Santos, ahora con gaceta oficial.

 

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